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miércoles, 24 de junio de 2020

HOMENAJE A JOSELITO EL GALLO







El 16 de mayo, se cumplieron 100 años de la muerte del diestro español José Gómez Ortega, Joselito El Gallo, en La Caprichosa, la plaza monumental de Talavera de la Reina, en Toledo (España). Plaza en la que el toro "Bailaor", de la Viuda de Ortega, le arrebato la vida el 16 de mayo de 1920, cuando contaba con solo 25 años de edad.
Toreros, ganaderos, empresarios, aficionados, cronistas,
historiadores vienen rememorando esta efeméride, con el único fin de recordar a uno de los toreros más importantes de la historia de la tauromaquia. Para homenajear a esta gran figura del toreo, comparto memoria fotográfica de mi visita a la plaza de toros de Talavera de la Reina, proclamada por la Federación de Asociaciones Taurinas de España como "Santuario de la Tauromaquia Española" debido a la muerte en ella de "Joselito".




martes, 21 de abril de 2020

UN REGALO SIN BRINDIS, Y UN BRINDIS SIN REGALO








Por; Luis Muñoz Palomo

REFRANES Y FRASES TAURINAS.

Delante de los toros, hay que crecer media vara.



UN REGALO SIN BRINDIS, Y UN BRINDIS SIN REGALO.

El protagonista de la siguiente anécdota fue un torero de Écija, un Corazón de León de nombre Jaime
Ostos, buen torero y extraordinario estoqueador, que compitió con los mejores de su época, en la que, la nómina de grandes toreros, fue de las más notables de la historia del toreo.
Un amigo de Jaime Ostos, tenía buena relación con una marquesa muy aficionada a los toros. Sabiendo que esta señora iba a presenciar la feria de Pamplona en San Fermin, se aventuró a decirle. En Pamplona mi amigo Jaime Ostos te brindará la muerte de un toro.
Ostos en su primera corrida estuvo bien para el buen aficionado, pero no así para las peñas Sanfermineras.
Por la noche la Marquesa ofreció una cena para muchos invitados, entre ellos se encontraba Jaime Ostos. La Dama se dirigió al torero y le preguntó:
¿ Ha estado usted en los toros esta tarde ? Si, fue la Respuesta del diestro. Pues que decepción, me habían hablado muy bien de un tal Jaime Ostos y no he visto en mi vida a un torero más pedante, peor torero, y más sinvergüenza que se ha burlado del público esta tarde.
Que me va usted a contar a mi de Jaime Ostos, contestó el torero, lo conozco desde toda mi vida.
Al momento llegó el amigo del torero que sin saber nada le dice a su amiga la Marquesa:
¿ Que te está contando el matador ? ¿ Acaso lo mal que ha estado esta tarde ? La señora reaccionó y le dijo al torero:
Tómelo usted como quiera, pero sepa que desde el primer momento yo sabía que usted era Jaime Ostos. Pues de la manera más respetuosa lo he tomado señora, respondió Ostos.
Gracias, disculpen un momento y la Marquesa se ausentó.
A los pocos minutos regresó con un reloj de oro en la mano. Tenga es el regalo que tenía preparado por si usted me brindaba un toro esta tarde. Gracias señora, yo no sabía que tendría que brindarle un toro.
Dos días más tarde en la segunda corrida que toreaba Ostos en Pamplona, le brindó el torero un toro a la Marquesa, al que le cortó las dos orejas y el rabo saliendo en hombros de la plaza.
Pero eso si. Hubo regalo sin brindis y brindis sin regalo.

EN LA MONUMENTAL DE MADRID, SIEMPRE SE HAN COMETIDO ERRORES.

El torero Marcos de Celis fue un genio incomprendido.
En el año 1962 actuando en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid vestido de grosella y oro viejo, en la lidia de su segundo toro, Marcos de Celis tomó la muleta y espada y comenzó la faena de muleta con la montera calada hasta las cejas, provocando este hecho una sonora bronca monumental.Un público ignorante del reglamento del toreo, totalmente sin razón como recogió la prensa al día siguiente en artículos de cronistas del momento como Cañavate y Zabala etc.
Esta práctica estaba contemplada en el articulado del reglamento, habiendo sido utilizada anteriormente.
Lo que es la vida, años después cuando un día el torero Luis Francisco Esplá rescató el hacer faena de muleta con montera puesta, recibió una fuerte ovación. Madrid siempre fue una plaza que da y quita, unas veces con razón y la mayoría sin ella.



domingo, 5 de abril de 2020

Javier Conde Soy un torero de duendes




Javier Conde Soy un torero de duendes

Fecha de nacimiento: Málaga, 19 de febrero de 1975 es un torero español, conocido erróneamente como el gitano.

Debut en público: Lo realizó el 05 de Junio de 1989

Debut de luces:  El 5 de Junio de 1989 en Benalmádena.

Debutó con picadores: En Úbeda (Jaén) el 29 de Marzo del 1991 en un cartel completado por Paco Delgado y Francisco Moreno con novillos de Andrés Ramos.

Debut en Las Ventas: El 30 de Abril del 1994 acartelado junto a Víctor Puerto y José Ignacio Sánchez con novillos de Torrestrella.

Alternativa: En la Plaza de toros de la Malagueta (Málaga) el 16 de Abril de 1995, cortando tres orejas. Su padrino fue el Niño de la Capea y testigo Jesulín de Ubrique, con el toro: "Farolero" de Zalduendo.

Si tuviera que estar pensando en lo que pudiera cobrar un día y en el terror, pavor y responsabilidad
que tienes, sería mejor no enterarse de lo que ganas. Lo haces porque es una manera de liberar una intención interna, tu verdadera razón de ser. En determinados momentos en la vida creo que te das cuenta de por qué vives o qué te mantiene vivo, y mi brújula es ser torero por encima de todo.
Desde niño domestiqué mi cuerpo a torear diariamente de salón. Como son tantos años así, pues necesitaba buscar algo, y ese algo fue la música, mi aliada en el toreo. Entonces, en determinados momentos, cuando llegas a ese climax, te olvidas de toda técnica y hay faenas que van regidas por las melodías de tu vida. Y un día me salió como una improvisación necesaria del cuerpo, como algo que tenía que expulsar.


miércoles, 25 de marzo de 2020

La Virgen, La Macarena sevillana vestida de luto







REFRÁN TAURINO.

Hay cosas que nadie sabe como van a ser, el toro, el melón y la mujer.

HISTORIA DE UNA FOTOGRAFÍA.

La Virgen, La Macarena sevillana vestida de luto, no podía pasar inadvertida para su creciente masa
de devotos. La noticia dio pronto la vuelta al barrio de la feria, al entorno de La Macarena y a Sevilla entera, Joselito El Gallo había muerto. En aquella época, hablo de hace un siglo, no era común la posesión de una cámara fotográfica para uso doméstico. Uno de los que si la poseían era el presidente de la Hermandad Macarena, Don Enrique García Oviedo, que regentaba un negocio de aceitunas en la mismísima Resolana, los García Oviedo eran de sobra conocidos en La Sevilla de la época.
García Oviedo fotografió a La Macarena vestida de luto y le entregó una copia a su buen amigo Rafael Gómez Ortega ( El Gallo o Divino Calvo ) copia de la fotografía, que el hermano del menor de Los Gallos conservó siempre entre los cachivaches de su casa. Fue enmarcada entre damascos y molduras de oro. Pero aquella imagen reflejaba una de las amarguras más íntimas de Rafael, que llevaba sin hablarse con su hermano Joselito un año cuando le estremeció la tragedia de Talavera.
La historia del distanciamiento era conocida en Sevilla. El Divino
Calvo se había cortado la coleta, que seguía siendo el sacramento símbolo de la profesión en la intimidad familiar, el día 24 de Octubre del año 1918. El tijeretazo se lo pegó su madre La Seña Gabriela Ortega, que entregó la trenza a Joselito. Este le había organizado una temporada de despedida a su hermano poniéndole una condición:
Que no volviera a vestirse de luces, que él lo pasaba muy mal. Pero Rafael rompió su promesa y volvió a los ruedos al año siguiente, dejando aquella retirada, sus pactos y hasta los buenos oficios de Joselito en papel mojado. José nunca le perdonó y no volvieron a torear juntos. Rafael jamás se perdonó el no poder besar a su hermano antes de morir. Hoy día en el gran Mausoleo yacen los restos de José, Rafael, su cuñado Ignacio Sanchez Mejias y la fotografía de La Macarena, en el cementerio De San Fernando de Sevilla, en el mismo Mausoleo que estuvo escondida la imagen de La Macarena durante la Guerra Civil española, gracias al sacristán de la parroquia se salvó la imagen de ser devorada por las llamas.


LA CASTA DE MANOLETE.

Cuando Manuel Rodríguez Sánchez ( Manolete ) recibió en Murcia el puntazo que le dejó en la cara
la señal para siempre, fue visitado en la enfermería donde era curado por el eminente Doctor Sánchez Parra, por el representante de la empresa, Don Antonio Saura. Como este sabía que Camará le había indicado a Manolete darle las afueras al toro causante de la cogida, le preguntó:
Manolo ¿ No habrá ocurrido esto por no haberle hecho caso a Camará ? Manolo contestó:
El toro me había avisado dos veces, paro yo tenía que estarme quieto, yo tenía que estar ahí. Inconvenientes de llamarme Manolete. Y apuntó, quería hacer una gran faena, pues en Murcia nunca he tenido suerte de cuajar un toro. Así pensaba el Monstruo, esa era su máxima ¿Es que estos no han pagado ?

miércoles, 18 de marzo de 2020

LAS MEDALLAS DE MACHAQUITO







Por; Luis Muñoz Palomo


REFRÁN TAURINO.

El mejor torero de arte, y el mejor nadador de agua.





LAS MEDALLAS DE MACHAQUITO.

En la triunfal carrera torera del diestro de Córdoba Rafael
Gonzalez Madrid “ Machaquito,” aquel formidable Volapie al toro
de Miura “ Barbero “ el día 9 de Mayo del año 1907, que inspiró a
Mariano Benlliure su famosa obra escultórica “ La estocada de la
tarde “ realizada bajo la impresión de belleza y gallardía de la
proeza de “ Machaquito “ que en una ocasión demostró su fe de
creyente al perder en el ruedo de la plaza de toros de Madrid, las
medallas que llevaba siempre colgadas sobre su pecho. Medallas
de oro auténticas joyas, arrancadas aquella tarde por el pitón de
un toro en un Volapie idéntico al del toro miureño.
Machaquito llegó a la fonda con la pechera de la camisa rota y sin
sus medallas. A la mañana siguiente, apenas salió el Sol, volvió a
la plaza de toros con una brigada de obreros por él pagados, para
que cerniesen metódicamente la arena del ruedo hasta encontrar
las medallas, que, efectivamente aparecieron sin faltar una, (
Doce medallas entre ellas, algunas de oro y brillantes ) que jamas
volvieron a separarse del corazón de aquel coloso del valor y
espada de los espadazos impresionantes. Tercer Califa del toreo cordobés.



LA DIGNIDAD DEL TORERO MANUEL DOMINGUEZ.

Manuel Dominguez sufrió retirado ya, enfermedades y quebrantos que le dejaron en una situación económica nada envidiable y el
Círculo de Labradores de Sevilla trató de organizar una corrida a
su beneficio.
Pero teniendo en cuenta la susceptibilidad del señor Manuel
Dominguez, se comisionó a un amigo para que le diera cuenta de
lo que se pretendía.
Y el viejo ex matador de toros hubo de manifestarle:
Dile a esos señores que les agradezco mucho sus buenos deseos,
pero que todavía no pido limosna, y que si me viera en la necesidad de hacerlo, no seré nunca gravoso a nadie.







domingo, 15 de marzo de 2020

Los toros dan las cornadas, y Dios se encarga de repartirlas






Por; Luis Muñoz Palomo

REFRÁN TAURINO.

Los toros dan las cornadas, y Dios se encarga de repartirlas.


LA CARROZA FUNEBRE EN LOS ENTIERROS DE JOSELITO Y GRANERO.


En el museo de carrozas fúnebres de Barcelona, se encuentra la carroza fúnebre utilizada en los
entierros de Joselito “ El Gallo “ y Manolo Granero. Ambos fallecidos por asta de toro en Talavera de La Reina y Madrid respectivamente.
En el caso de Joselito “ El Gallo “ esta carroza se utilizó para transportar sus restos mortales desde su domicilio madrileño en la calle Arrieta, hasta la estación del Mediodía, de donde partieron para Sevilla. Joselito “ El Gallo “ había sido transportado en otra carroza más modesta, desde la plaza de toros de Talavera de La Reina hasta la estación para ser llevado a Madrid. Dos años después la carroza que se encuentra en el museo del cementerio de Montjuic en Barcelona, volvió a utilizarse en el entierro de un torero, fue del diestro valenciano Manuel Granero, trasladándolo desde la capilla ardiente en la plaza de toros de Madrid hasta la estación de Atocha, para ser trasladado a Valencia su ciudad natal. Bailaor y Pocapena, con Joselito y Granero, escribieron dos grandes páginas de la historia del toreo. Se fue un maestro y a los dos años se fue el que todos creían sería su sustituto.

UN CAMBIO DE OPINIÓN

El gran actor Isidoro Márquez dijo en cierta ocasión al famoso Pedro Romero:
Es un escándalo que os paguen tanto dinero por poneros delante de un toro, cuando lo que vosotros hacéis puede hacerlo cualquiera que tenga un poco corazón.
Un día fueron ambos junto a varios amigos comunes de merienda al campo, y en un momento de ella hizo acto de presencia un novillo desmandado. Huyeron todos, menos Romero y Márquez; queriendo este dárselas de valiente, hizo frente al bicho con una manta, y enseguida voló por los aires a pesar de haber acudido Romero apresuradamente para hacerle el quite con un sombrero. El cómico tuvo que guardar cama como consecuencia de la paliza, y hablando un día del caso con el referido matador le dijo: Déjame en paz con tus puyas, pues reconozco que no están mal ganadas esas onzas de oro que os pagan.




lunes, 2 de marzo de 2020

REGRESO TRIUNFAL DE ANDRES ROCA REY





REGRESO TRIUNFAL DE ANDRES ROCA REY 01/03/2020


Andres Roca Rey de malva y oro, realizó una faena que desató la locura en los tendidos con pases
variados, series lentas de monumentales naturales y un remate por bernadinas muy ceñidas antes de dejar una estocada arriba. El diestro peruano que siempre tuvo el control y siempre estuvo por encima del toro paseó las dos orejas del segundo toro y el astado de Juan Bernardo Caicedo fue premiado con la vuelta al ruedo. El quinto toro no tuvo fuerza ni ímpetu, además de mansear, Andrés lo toreo a media altura, Pinchazo, estocada entera y palmas.
Santamaría de Bogotá Sebastián Castella, Roca Rey y Juan de Castilla protagonizan una espectacular tarde en la que se cortaron siete orejas, incluidas dos simbólicas del indultado sexto de la tarde.
Sebastián Castella, malva y oro. Espadazo y dos orejas. Espadazo y palmas, para despenar a un toro que se malogró en el curso de la faena. Dos pinchazos y entera al séptimo, palmas. Castella regaló un séptimo un animal que no terminó por romper. Palmas de agradecimiento.
Juan de Castilla, blanco y oro. Espadazo en lo alto y oreja. Dos orejas simbólicas.


Plaza de toros de la Santamaría de Bogotá (Colombia).
Con casi lleno en los tendidos de la plaza de toros Santamaría de Bogotá Sebastián Castella, Roca Rey y Juan de Castilla se reparten siete orejas en una formidable tarde, Toros de Juan Bernardo Caicedo (2º bis y 7º, como sobrero de regalo). Devuelto el primero tras lesionarse la mano derecha. De excelente juego en conjunto. Destacó especialmente el buen 2º, de nombre Zorro, nº 72, castaño, de 480 kg. y nacido en abril de 2015, que fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. El sexto, Talentoso de nombre, número 63, negro, nacido en 04/15, de 482 kilos, indultado. Sebastián Castella, dos orejas, silencio y silencio en el sobrero de regalo; Roca Rey, dos orejas y silencio; y Juan de Castilla, oreja y dos orejas simbólicas.




•- SEBASTIÁN CASTELLA, dos orejas, silencio y palmas con el sobrero de regalo.

•- ROCA REY, dos orejas y palmas.

•- JUAN DE CASTILLA, oreja y dos orejas simbólicas. (indulto)










sábado, 29 de febrero de 2020

Don ''ANGEL SOLIMANO SARDI "ANGELILLO"


                                   ¡Angelillo, enséñame a torear!


Don  ''ANGEL SOLIMANO SARDI "ANGELILLO"

Pocas otras cosas transmiten la imagen de poder y fiereza que un toro de lidia recién salido del toril pidiendo guerra: una tromba de quinientos kilos, bufadora, dando vueltas por el redondel y con dos cuchillos enhiestos ávidos de clavarse en lo que sea.

Mi primer recuerdo de Angelillo es haberlo visto enfrentándose a una de estas fieras en la plaza de Acho, en la época en que los peones de brega daban los lances de tanteo –es decir, tenían el primer contacto con el toro recién salido- mientras el matador observaba las trayectorias y los resabios del animal desde el burladero antes de disponerse él mismo a lidiarlo. Ni recuerdo quién era el matador en esa ocasión, pues yo tenía siete u ocho años, pero una escena sobrecogedora vive intacta en memoria hasta hoy: Angelillo dirigiéndose al toro que acometía con todo su poder, y tropezando en su misma cara –un terrible ¡ay! en los tendidos-, y la improvisación del quite que se hizo a sí mismo, echando el capote al aire por encima de la cabeza mientras caía al suelo y desviando los cuernos un palmo por encima de su montera. La plaza entera lo ovacionó de pie y el matador le indicó que se destocase para saludar, pues los subalternos no pueden quitarse la montera sin el permiso de su superior jerárquico: en las corridas de toros las formas y la jerarquía, así como la puntualidad, se respetan más que en cualquier otra actividad. ¿Será acaso que una rígida estructuración de las acciones en esos coliseos protege, como un espejismo de ritual controlado, a quienes se enfrentan a la muerte en la arena?

Un par de años después de esa proeza de habilidad, reflejos y sangre fría, fue que le pedí a Angelillo
que me enseñara a torear. Fue en Huampaní, que estuvo de moda allá por los años cincuenta y donde muchas familias limeñas alquilaban por unos días los chalets que allí ofrecían para gozar del limpio sol de Chaclacayo, especialmente durante los húmedos inviernos de la capital. Era un edén para los niños: la novedad de poder elegir a la carta (austero menú) las tres comidas en el inmenso comedor del complejo, trocándolas de momento por el omnipresente arroz con los guisos de la entrañable cocina casera; tener el día entero para holgar por los enormes vericuetos arbolados, eso sí que reportándonos con frecuencia ante la vigilancia paterna; y jugando hasta cansarnos con las máquinas de fulbito y otras atracciones en el salón; y, sobre todo, los ilimitados chapuzones en la piscina a la intemperie, entre los montes y el bosque frondoso con el aire más puro que los pulmones pudieran admitir. Huampaní era el regalo más codiciado para los niños de mi generación durante las vacaciones de julio y, por tanto, durante la época de las Fiestas Patrias el centro estaba repleto. Las reservaciones tenían que hacerse con semanas o meses de anticipación.

Así, contando no más de nueve o diez años de alborotado habitante terrícola, una de esas mañanas de apiñada congregación en el comedor de Huampaní distinguí, en una mesa contigua, una cara conocida –trigueña clara, rasgos finos, pelo ondulado- que ya la había visto antes asentada sobre un cuerpo envuelto en un traje de luces, en varias temporadas en la plaza de Acho (mi padre me llevó a los toros desde que tuve uso de razón, y por esa época yo soñaba con ser torero): ¡el mismo banderillero del famoso auto-quite, Angelillo! Estaba acompañado de una señora muy blanca y de facciones hermosas, que mostraba una sonrisa buena. Cuando uno tiene 10 años, cualquier mujer –cualquier persona- de veinte o mayor califica para el asilo. Por eso, en mi recuerdo, Gladys –que así se llamaba la flamante esposa de Angelillo- era una “señora grande” de unos veinte a veinticinco años de edad. Previa autorización paterna, mi hermano y yo nos acercamos a la mesa de estos egregios comensales –después nos enteraríamos de que eran lunamieleros– para saludarlos (“¡Hola, tú eres Angelillo”!), y ellos nos recibieron con mucha simpatía y hasta cariño –quizá porque un subalterno de la lidia no estaba tan acostumbrado, como los matadores de éxito lo estaban, a que se les reconociera en el restaurante de una villa vacacional, a muchos kilómetros de la plaza- y así, por una genuina bonhomía o por la gratitud de un ego ensalzado, Angelillo firmó la sentencia de su tortura. No creo que ningún otro recién casado, desde que se inventó la luna de miel, haya estado sometido a un acoso tan inclemente como el que dos niños fanáticos de los toros –y muy impertinentes- le prodigaron al ciudadano Angel Solimano, cuyo remoquete taurino fue “Angelillo”, y a su bonita novia.

Un par de días antes, mi hermano y yo habíamos descubierto que en un paraje de los alrededores pastaba una vaca vieja, llena de mataduras y con la cornamenta recortada, atada a un árbol. Nuestra imaginación infantil habría visto, en vez de unos molinos de viento, a un terrible miura listo a despanzurrarnos. Por eso, jamás nos acercamos al animal a más de unos cinco o seis metros, claro que amparados en los cubrecamas del dormitorio que, a guisa de capotes, los habíamos sacado subrepticiamente del chalet. Citábamos a la vaca a la verónica, con el trapo por delante, imitando con nuestros cuerpos el garbo de los matadores, y por supuesto que, como si la cosa no fuese con ella, la vaca seguía agenciándose su sustento de la broza del terreno. Pero por nada del mundo nos atrevíamos a acercarnos, pues muchas veces habíamos vistos volar a los diestros como unos peleles cuando eran cogidos, y no queríamos exponernos a ello sin el beneficio de un quite y de una enfermería al canto.

Entonces, lo lógico era que quien se acercase a la fiera fuese alguien del oficio, un profesional que estuviese a la mano. ¡Y qué a la mano!

Por lo menos durante toda una semana y casi a todas horas del día, mi hermano y yo íbamos en taurómaca romería hasta el chalet de Angel y Gladys, algo más alejado que el resto, como correspondía a la privacidad de los recién casados. Por razones intuidas -en nuestra ya algo disipada mente infantil-, los novios pasaban la mayor parte del tiempo dentro que fuera; entonces, en cualquier momento del día –la noche entera sí los guarecía del asedio- dos mocosos palomillas se llegaban hasta la puerta del torero y su mujer a gritar en coro: “¡Angelillo, enséñame a torear”!

Y, dando muestras de una paciencia más que jobiana, al cabo de unos momentos siempre aparecía Angelillo, algunas veces despeinado y con el estigma de la modorra en el rostro, pero de buen talante y sonriente. Entonces nos íbamos a torear a la vaca. Torear a la vaca era acercarnos hasta tocarle los cuernos -la proeza que nos enseñó Angelillo- sin necesidad de una manta. ¡Era tan bravo nuestro torero que ni necesitaba un engaño para dominar al bovino! Jamás le advertimos temor en los ojos cada vez que se acercaba a la bestia corrupia de nuestra imaginación, y ese valor sobrehumano nos alentó a mi hermano y a mí para acercarnos y sentir que los tendidos de fantasía -que eran los árboles de ese paraje- se estremecían ante dos niños valientes que desplantaban a la bestia ya domada.

Sólo una vez sentimos algo parecido al remordimiento en una de nuestras convocaciones al maestro: una tarde adormecida, a la hora de la siesta, encontramos a la pareja en un sillón del breve patio delante del chalet. Gladys, que estaba sentada sobre el regazo de Angelillo, tenía las piernas expuestas, y él dejó de acariciarlas apenas nos divisó. Ella se levantó y corrió adentro, mientras él, sin gesto agrio, nos llevó a torear a la vaca, y en el camino nos enseñaba cómo agarrar bien la manta que hacía de un improvisado capote gris sin esclavina.

Hay que poner las cosas en un contexto que permita comprender las razones de este par de chiquillos.
La afición a los toros, por lo general, se mama. Hay quienes llegan a ella en la adolescencia o, aún, durante la adultez. No es lo mismo. Ya uno tiene sus valores más o menos firmemente establecidos. La muerte de un animal tras un tormento de veinte minutos puede hacer mucha mella en quienes asisten a una corrida de toros por primera vez en edad racional. En cambio, para cualquier niño que haya ido a una plaza de toros, generalmente de la mano de su padre u otro familiar adulto, antes de la formación del juicio, o sea antes de los siete u ocho años, el espectáculo se asimila como algo de lo más natural. Así, también, ocurre con las peleas de gallos, la caza y la pesca -estas dos últimas actividades muy comunes en casi todas las culturas-. Nadie ha podido demostrar que un toro sufre más que un merlín, el cual, también, durante varios minutos lucha por su vida con un enorme anzuelo enganchado en la boca, mientras el pescador –la mayoría de las veces deportivo, y sin la intención de aprovechar su carne- le suelta el cordel para darle la ilusión de un escape y que así se fatigue más pronto y amengüe la resistencia. O la caza de las ballenas en las Islas Feroe, en Dinamarca, donde el mar se tiñe con la rojez de la sangre tras una masacre anual. Estos cetáceos –decenas de ellos- se acercan a la orilla en busca de alimento, donde los jóvenes les asestan golpes con una especie de machete: les seccionan la médula espinal y los paralizan. Lo mismo se puede decir de los safaris y hasta de la caza de los pichones con una escopeta de perdigones, por el mero placer de acertar en un blanco vivo y volante. La naturaleza es cruel, y el ser humano es parte de esa selva donde la ley es comerse a unos seres vivos o que ellos te coman a ti.

Muchas veces, por remilgos escrupulosos de la madurez, he puesto en revisión mi afición por las corridas de toros, y mi inteligencia me ha dicho que es una fiesta bárbara y cruel. Entonces, mi opción humana, a la luz de un razonamiento más sabio y añejo, tuvo que haber sido renegar de ella, como ha ocurrido con algunos aficionados que devinieron antitaurinos. Pero, como en todos los ámbitos del vivir, en lo que se refiere a las corridas de toros no sólo manda la razón, sino que hay, también, un conglomerado de motivos sustentados en la emoción, la costumbre, la tradición, en fin, en todos esos elementos culturales que configuran a los pueblos y que no siempre atienden a la piedad ni a la inteligencia. No me cabe la duda de que el espectáculo de la tauromaquia está finalmente condenado a desaparecer. Pero lo mismo tendrá que ocurrir primero con la pesca y con la caza deportivas, actividades del matar por matar –muy poco cuestionadas en el mundo “civilizado”– y que no necesariamente sacian hambres humanas y que ni alimentan arte ninguna. Es más, ojalá que un día los humanos no tengamos que matar animales para alimentarnos de ellos. Pero por el momento las cosas son como son, y nosotros somos los hijos de nuestro tiempo.

Es absurdo atribuirle a un animal las características humanas y proyectar en ellos los atributos tan abstractos como el honor, la elegancia y el derecho. Sin embargo, así como –también- a través de los milenios, y hasta en épocas recientes, se le atribuyeron a ciertas deidades unas características tan humanas como la pasión, el odio, la venganza y la ira, permítaseme por un caprichoso instante, en aras de una dialéctica entecona, dotar al toro de lidia –quizá el animal más hermoso y, por cierto, la imagen suma de la fuerza y la bravura- con el poder de decidir su destino. Si pudiera averiguarse su preferencia, ¿decidiría este animal ir a morir al matadero, electrocutado o a golpes, o ser castrado y llevar el yugo para arar la tierra hasta su muerte? ¿O sería su elección el morir como un gladiador armado, con el derecho de matar también, tras un cuarto de hora de lucha sangrienta? No lo sé, ni nadie nunca lo sabrá; pero, si en el reino bovino existiese la variedad de pareceres que nos caracteriza a la especie dominante, y siendo su destino final proveer de carne a los hombres, sospecho que la mayoría de los toros –especialmente los de lidia, nacidos y criados para luchar- irían por lo segundo.

Durante los años de nuestra juventud, cada temporada taurina mi hermano y yo esperábamos la
llegada de las cuadrillas a la plaza en las tardes de toros, y cómo nos envanecía que uno de los lidiadores, por más que vistiese la plata en lugar del oro, nos reconociera entre el gentío y nos llamara por nuestros nombres y que nos abrazara con afecto. También veíamos a Angel en casa del tío Amadeo Bresciani, quien, por mucho tiempo, fue el factótum de la actividad taurina en el país, en su condición de director de espectáculos de la Municipalidad del Rímac, pero, sobre todo, por su condición de ser –tal vez- la persona más entendida en los intríngulis de la fiesta brava en Lima

Muchos años nos separaron de Angel, hasta que una tarde de toros -ya maduros mi hermano y yo- nos lo encontramos en el tendido como un espectador más. Estaba viejo y flaco, y había tristeza en su expresión, la cual se tornó llanto franco cuando le preguntamos por Gladys : “No quiero hablar de ella”, nos dijo, y no insistimos al respecto.

Varias veces después lo vimos en la plaza, tocado con una cachucha y en silla de ruedas, y tenía esa
expresión de los que ya no andan por aquí. Una vez que nos acercamos no nos reconoció, pero así y todo le recordamos quiénes éramos y, otra vez, se puso a llorar. A partir de ahí decidimos no volver a perturbarle la vejez con unas memorias evidentemente dolorosas y nos limitábamos a verlo de lejos con el cariño de siempre. Más todavía, porque en la madurez comprendíamos mejor hasta qué punto había sido un hombre bueno con dos niños impertinentes y desconocidos.

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Carlos Castillo, Por; Carlos Castillo Alejos 

TOREROS PERUANOS EN EL RECUERDO: BANDERILLERO ÁNGEL SOLIMANO
“ANGELILLO”

Ángel Evaristo Solimano Sardi nació en Canta (Lima) el 14 de octubre de 1917. Hijo de don Alfredo Solimano Gisolfo y doña Luisa Sardi Casanova.

Su afición nace de vivir en las afueras de la puerta de sombra de la Plaza de Acho, en la Calle "La Aspiración", en el Barrio del Rímac. Su vida taurina la empieza como monosabio. Posteriormente, a la edad de 12 años, sale de banderillero en la Plaza "Juan Belmonte" de Tarma (Junín) en compañía de Adolfo Rojas "El Nene", quien alternaba con "Miura" y César Sánchez. Actuando luego en las plazas de Canta (Lima) y Carhuaz (Ancash). Esporádicamente actuó como novillero.

Debutó en la Plaza de Acho el 12 de octubre de 1941, en una novillada en la que alternaban Guillermo Rodríguez "El Sargento", "El Nene" e Isidoro Morales, con ganado de Arequipa. Durante su carrera taurina recibió los consejos de su padrino Alejandro Arrieta "Moyano de Lima", Rafael Valera "Rafaelillo" y José Murro.

Su primera cogida de importancia fue en la última corrida del matador mexicano Fermín Espinoza "Armillita" en el año 1942, con ganado de Asín, al banderillear el sexto toro resultó herido en el muslo. Durante su dilata vida profesional recibió doce cornadas, tres de ellas en la plaza de Acho, algunas de ellas de gravedad.

El 15 de noviembre de 1942 fue premiado por el Jefe de Estado, Manuel Prado Ugarteche, en tarde en la que "Armillita" cortó dos orejas y rabo a un toro de La Viña.

Fue un destacado y eficiente peón de brega y pinturero banderillero de lujo. Destacó por sus buenas maneras. Siempre se mostró muy reposado, con gran voluntad. Manejó el capote de brega con soltura, inteligencia y experiencia. Logró los aplausos al ejecutar la suerte de banderillas por su forma y estilo colocándose en un lugar preferente entre los rehileteros nacionales. Ha toreado con todas las figuras del toreo de los años cuarenta hasta los setenta. Ha actuado también ruedos de Bolivia, Ecuador, Chile, Cuba, España y Marruecos.

Tuve la suerte de que me representará en algunas de mis actuaciones como novillero recibiendo importantes consejos. Siempre será recordado por su amena conversación, el detallismo a la hora de contar sus experiencias y, sobre todo, por ser un gran caballero y mejor amigo.

Antes de ser torero fue un buen futbolista del Club Manuel Acevedo del Rímac. En las canchas de fútbol se le conocía con el nombre de "Nonem".

Falleció en Lima el 2 de enero de 2011 a los 93 años de edad.


El escritor Samuel Joya dedicó un pasacalle a "Angelillo":

La vieja plaza se ha vestido de sus galas,
de sangre, de arena y de sol,
en sus tendidos se ha volcado la afición
con alegría delirante
y con ansías de aplaudir a su lado.
Y es que ha salido a los medios
un chavalillo precoz
que con salero y elegancia toreará,
él se ceñirá, él se animará,
es el valiente “Angelillo”
una promesa taurina
que al lado de su maestro
el bravo “Moyano” se está perfilando.
¡Olé! la fiesta bravía,
viva el chaval sin igual
que en esta tarde de toros
sus hechuras lucirá.

Carlos castillo Alejos; PeruTaurino

martes, 25 de febrero de 2020

SE DECLARA INFUNDADA LA DEMANDA EN CONTRA DE LA TAUROMAQUIA EN EL PERU

QUE VIVA LA FIESTA


SE DECLARA INFUNDADA LA DEMANDA EN CONTRA DE LA TAUROMAQUIA EN EL PERU

Las corridas de toros en el Perú, son un actividad constitucional ¡Hoy más que nunca, sí a los toros!

 El Tribunal Constitucional del Perú, declara infundada la demanda animalista. La Ley 30407 se mantiene. Con 4 votos a favor de que se declare infundada, contra 3 en contra y al no alcanzar los 5 votos necesarios para declararla inconstitucionalidad. Hemos ganado esta batalla, pero la guerra sigue. Tenemos que seguir apoyando a nuestras tradiciones y estar más unidos que nunca.


Al no haber alcanzado la demanda los cinco votos que exige el procedimiento del máximo Tribunal Colegiado para declarar una norma inconstitucional se mantiene vigente la primera excepción de la Ley de Protección y Bienestar Animal que excluye las corridas de toros, peleas de gallos y toros, por ser parte de nuestra cultura y tradición.
Por lo tanto las referidas manifestaciones culturales siguen siendo legales y continuarán celebrándose sin ningún criterio a observarse de los propuestos por el proyecto del magistrado ponente, como que el legislador analice su carácter cultural casa veinte años, que no se expanda a otros lugares, la restricción del acceso de los menores de edad, entre otras.
Los votos a favor fueron de los magistrados Ramos, Sardon, Ferrrero y Miranda. Mientras que los votos en contra fueron de Ledesma, Blume y Espinoza-Saldaña

¡VIVAN NUESTRAS TRADICIONES!

¡VIVAN LAS CORRIDAS DE TOROS!

¡VIVA EL PERÚ TAURINO!


domingo, 16 de febrero de 2020

Bandido, esto no es una cuna. ¡ Esto es una cama de matrimonio !




Luis Muñoz Palomo


REFRÁN TAURINO.

El que presta a la mujer para bailar; o al caballo para torear, no tiene derecho a reclamar.

LA CUNA.

En cierta ocasión en una corrida celebrada en Madrid, en uno de sus toros cogió el matador Antonio Moreno “ Moreno de Alcalá “ los trastos de matar, y después del brindis reglamentario, se fue hacia el toro con bastante entereza.
El bicho era de cuidado, no precisamente por sus malas cualidades sino por las condiciones de sus astas, grandes y muy anchas, con gran parecido a las horcas de aventar trigo.
Estirando demasiado el brazo, comenzó su faena el matador. Haciendo verdaderos esfuerzos para librarse de aquellos cuernos monumentales.
Uno de esos “ catedráticos “ que nunca faltan en las corridas de toros, se levantó del asiento, y disgustado por aquella faena que no entendía grito al espada:
¡ Más cerca, más cerca, a la cuna.! El aludido volviéndose hacia donde había salido la voz, dijo, señalando a la monumental cabeza del toro:
Bandido, esto no es una cuna. ¡ Esto es una cama de matrimonio !

LA GESTA DE MORENO DE ALCALÁ.

Lo fue con toda justicia lo que realizó el matador de toros Antonio Moreno “ Moreno de Alcalá,” se

Un valiente de verdad, después de despachar los tres primeros, cuando tocaron clarines y timbales para matar al cuarto toro. Moreno de Alcalá cogió la espada y la muleta y se fue sin vacilación al encuentro con el enemigo, por el camino se cruzó con uno de sus banderilleros, este lo miró asombrado. Al llegar el rehiletero a la barrera comentó con otros compañeros:

Este torero es el más valiente que ha pario “ Madre.” Va para el toro canturreando una malagueña que suena como los ángeles.

El Moreno de Alcalá, mató los seis toros de Miura, como si no hubiera hecho nada.

Ahora en cambio que estamos en otra época muy distinta, matar seis toros de Miura es una utopía.

En aquella época, lo hacía un torero de segunda fila como Moreno de Alcalá y lo hacían las máximas figuras.

anunció de golpe y porrazo con seis toros de Miura el día 4 de Agosto del año 1907 en la plaza de toros de Sevilla.




miércoles, 5 de febrero de 2020

JESÚS COLOMBO TRIUNFADOR DE LA FERIA DE SÓCOTA (CAJAMARCA)




Jesús Enrique Colombo el gran triunfador de la jornada de este martes en tierras peruanas en el segundo festejo de su Feria de la Candelaria. El joven venezolano paseó un total de cinco orejas y salió en hombros de la plaza de toros de Sócota (Perú), 

Ficha del festejo; 
Plaza de toros de Sócota (Perú). 
Segunda de la Feria de la Virgen de la Candelaria. 
Lleno en los tendidos. 
Toros de La Viña y El Olivar.

Nuno Casquinha, silencio y silencio; y 
Jesús Enrique Colombo, oreja, dos orejas y dos orejas.




JESÚS ENRIQUE COLOMBO TRIUNFADOR DE LA FERIA DE SÓCOTA (CAJAMARCA)
SANTIAGO DE LA ROSA, EL HIJO DEL SANTY FUE EL MEJOR BANDERILLERO, 

EL OLIVAR LA MEJOR GANADERÍA DEL SR. ANIBAL VASQUEZ 



lunes, 3 de febrero de 2020

El frances Thomas Dufau, abrio plaza, San Cristóbal (Venezuela)





Por; Eutiquio Hevia

Domingo 2 de febrero: Tercera corrida de toros de Laguna Blanca para Thomas Dufau, Fabio Castañeda y Jesús Enrique Colombo.

Ultima Corrida de la FISS del 2020.

El frances Thomas Dufau, abrio plaza lidio tres ejemplares incluyendo el de regalo y fue el toro que mas rendimiento diera. Los ejemplares de "Laguna Blanca" disparejos en el comportamiento fueron una lucha para los de a pie.
Castañeda se justifico destacándose con la capa y banderillas la música sonó amenizando su labor y culminó de ración tardía.Con el segundo las cosas rodaron mejor y logró cortar una oreja. 


Jesús Enrique cumplió y alegró los tendidos con sus pares de banderillas decidió torear uno de regalo que cumplió el cometido, cuando las sombras de la noche cubrían el albero y donde el paisano estuvo acertado con la capa, se creció con los palitroque, brindó a un pequeño aficionado y realizó faena. 

A pesar de que la tarde no fue emotiva la afición salio complacida con los regalos dados a la asistentes. Queda el futuro de nuestra feria en ascuas , esperamos que se pueda luchar por llevarla al sitio que merece la afición tachirense.





Plaza de toros Monumental de Pueblo Nuevo,
San Cristóbal (Venezuela).
Cuarta y última de feria cion media entrada.
Toros de la ganadería de Laguna Blanca,

THOMAS DUFAU, silencio, silencio y oreja tras dos avisos en el de regalo.

FABIO CASTAÑEDA, ovación y oreja.

JESÚS ENRIQUE COLOMBO, silencio, palmas y palmas en el de regalo.