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viernes, 20 de febrero de 2026

Arnedo el próximo 22 de marzo cartel de lujo Urdiales, Manzanares y Andrés Roca Rey

 


¡La temporada taurina en el norte de España arranca con fuerza! El próximo domingo 22 de marzo, el Arnedo Arena será testigo de un acontecimiento imperdible: Andrés Roca Rey, una de las grandes figuras del toreo, se presentará para rendir homenaje a San José. Este evento no solo celebra la festividad religiosa, sino que también reafirma la firme apuesta de la Ciudad del Calzado por la excelencia taurina.

El cartel es de máximo nivel, con Andrés Roca Rey compartiendo paseíllo con dos colosos del ruedo: Diego Urdiales y José María Manzanares. Estos toreros, reconocidos por su maestría y arte, se enfrentarán a los imponentes toros de la prestigiosa ganadería de Núñez del Cuvillo, famosa por su bravura y calidad.

Una cita que no solo promete emociones intensas, sino que también elevará el espíritu de la tauromaquia en el norte de España. ¡No te lo puedes perder! ¡Viva la fiesta!

Sábado 21: Final del XXIII Zapato de Plata, novillada sin picadores. Erales de Galbarín. 3 finalistas por designar.

Domingo 23: Toros de Núñez del Cuvillo para Diego Urdiales, José Mª Manzanares y Andrés Roca Rey.

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lunes, 9 de febrero de 2026

Recuerdos de Oro: Mario Moreno "Cantinflas" y su Huella en el Perú

 



El recuerdo de Mario Moreno, más conocido como Cantinflas, perdura en la memoria colectiva del Perú, un país al que visitó en varias ocasiones entre las décadas de 1950 y 1960. Su carisma y talento desbordaron fronteras, dejando una huella imborrable en el corazón de los peruanos. Entre las visitas más memorables se destacan las de 1961 y 1964, año en que llevó a cabo un espectáculo único en la Plaza de Acho, donde su ingenio lo convirtió en un torero bufo que hizo vibrar de risa a toda la concurrencia.


En mayo de 1964, la Plaza de Acho se llenó de una multitud ansiosa por ver a su ídolo. En un ambiente festivo, Cantinflas deslumbró al público con su inconfundible estilo,



fusionando el arte del toreo con su particular sentido del humor. Aquel día, el aire se impregnó de risas y aplausos, mientras el torero cómico mostraba su destreza en un espectáculo que se convertiría en leyenda. La conexión que estableció con la gente fue tan profunda que muchos recuerdan ese evento como un verdadero festín de alegría.


Su popularidad en Lima no solo se debe a sus presentaciones en vivo, sino también a sus películas. Títulos como "Ni sangre ni arena" (1942) fueron proyectados en las pantallas de cine, conquistando a los espectadores peruanos y cimentando su fama. Pero su legado no se detuvo allí. En 1965, participó en un programa especial de Panamericana Televisión, donde se le vio con chullo y poncho, bailando huayno y reflejando en cada paso el cariño que sentía por el pueblo peruano.

Cantinflas es recordado no solo por su comedia, sino por la conexión genuina que estableció con cada persona que tuvo la suerte de disfrutar de su arte. Su espíritu vive en las anécdotas compartidas, en las risas resueltas y en el amor eterno que los peruanos sienten por este icónico


personaje, quien nunca dejó de ser uno más entre ellos. En cada rincón donde resonó su risa, Cantinflas sigue siendo un símbolo de alegría y cercanía.

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https://www.facebook.com/reel/1212423983731846Video


Siempre recordaremos a Mario Moreno ‘Cantinflas’ como un gran actor cómico, pero también como un gran aficionado taurino. La Plaza de Acho, es una de las más representativas a nivel mundial.


viernes, 28 de noviembre de 2025

Recordando Andrés Roca Rey indulta a Labriego, de Jandilla

 









Andrés Roca Rey indulta a Labriego, de Jandilla, y sale a hombros en Jerez 4/05/2025



El pasado 4 de mayo de 2025, la plaza de toros de Jerez de la Frontera vibró con la emoción y el arte del toreo, cuando Andrés Roca Rey, "El Huracan de los Andes", logró indultar a Labriego, un imponente toro de la ganadería de Jandilla. Este prodigioso momento se convirtió en un hito de la temporada taurina, consolidando la destacada trayectoria del joven diestro peruano, quien reafirmó su maestría en un escenario cargado de historia y tradición.



La plaza de toros de Jerez, construida en el siglo XIX, es un símbolo de la cultura andaluza y un lugar donde los aficionados se reúnen para vivir intensamente la magia de la tauromaquia. Durante la Feria del Caballo, uno de los eventos más emblemáticos de la ciudad, el ruedo se convierte en un punto de encuentro para los amantes del arte taurino. En esta ocasión, la atmósfera era electrizante, y el público no escatimó en muestras de apoyo y admiración hacia Andrés Roca Rey.



Con una actuación sublime, Andrés Roca Rey se ganó el corazón de los espectadores. Su técnica impecable y conexión con el toro alcanzaron un clímax emocional que culminó en el indulto de Labriego, un reconocimiento excepcional que simboliza el respeto hacia el animal y la celebración del toreo como arte vivo. Al finalizar la corrida, el torero salió a hombros, aclamado por una multitud entusiasta que lo ovacionó con fervor.



Este triunfo en Jerez no solo añade otro capítulo brillante a la carrera de Andrés Roca Rey, sino que también reafirma la relevancia de la plaza y la tradición taurina en España. Su legado continúa creciendo, dejando una huella imborrable en la historia del toreo.




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lunes, 6 de octubre de 2025

Ernesto Javier 'Calita' cumbre en Santa cruz

 


El matador de toros mexicano Ernesto Javier "Calita" logró una faena "cumbre" en la localidad de Santa Cruz, Perú, el 1 de octubre de 2025. En su debut en esta plaza, el torero indultó a un toro de la ganadería española de Lagunajanda, lo que le valió dos orejas y un rabo.


Ernesto Javier 'Calita' —que debutaba en Santa Cruz— dejó escrito en el ruedo su título de máxima figura azteca. Clase, técnica, sitio, estructura y variedad. Saludó a su primero flexionándose y rematando con una revolera muy jaleada. Inició faena de muleta con cambiados por la espalda a 50 Sardonito (470 kg, 05/2021). Series largas con temple y suavidad. Petición de indulto y pasea las 2 orejas y rabo simbólicos. 


Su segundo toro, un chorreado número 834 de Salamanca, fue un bravo y muy bien presentado ejemplar. Transmitió por sus hechuras, fuerza de salida y embestidas. Estocada entera y el toro vende cara su muerte con su bravura. Oreja con petición de la segunda y arrastre lento. 

Curro Díaz recibió una cálida ovación y aplausos tras regalar una faena de maestría con el 4.º de la tarde. El toro 8 Exquisito, burraco cinqueño (490 kg, 09/2020) —aplaudido en su salida al ruedo— exigió el carnet. El torero de Linares sacó a relucir su técnica y oficio. El fallo con la espada le privó la puerta grande. Con el abreplaza, el número 831 de Salamanca, tuvo pocas opciones. 


Gran faena de Antonio Santana Claros con el 602 de San Pedro (470 kg), un toro con clase y nobleza. 2 orejas y vuelta al ruedo al toro. Con su primero, un toro alto número 347 de Navarrete, fue silenciado. 

Al finalizar el festejo salieron a hombros El Calita —que se llevó los premios de Triunfador de la Feria y Mejor Faena— y Santana Claros. La ganadería Lagunajanda fue declarada Mejor Ganadería. 

📷 @monicalucas_fotos

#SantaCruz2025 #Tauroarte



viernes, 5 de septiembre de 2025

Carta comunicado del empresario de la plaza de Acho

 


Tito Fernández, empresario taurino de la plaza de toros de Acho y organizador de la Feria Taurina del Señor de los Milagros, en Lima, Perú, ha emitido un comunicado. En él expresa su profundo malestar por la calificación de Perú como destino vacacional por parte de un medio de comunicación.

El contenido íntegro del documento es el siguiente:

Han pasado casi 500 años desde la llegada de los españoles al Perú. Ese encuentro marcó nuestra historia: nos dejó un idioma que hoy compartimos, una religión que seguimos practicando y, sobre todo, un mestizaje que nos dio una cultura rica, diversa y llena de costumbres propias. Entre esas costumbres está la tauromaquia, que desde entonces ha echado raíces en nuestras comunidades y que hoy sigue viva, fértil y fuerte.


El toreo en el Perú no es uniforme. En el norte se vive de una manera, en el centro de otra, y en el sur con sus particularidades. Esa diversidad cultural nos enriquece y demuestra que la tauromaquia aquí no es un adorno importado, una manifestación cultural propia, autóctona, fruto de nuestra diversidad multicultural y del mestizaje que conforma nuestra nación desde hace medio milenio; manifestación y diversidad cultural que el Convenio de UNESCO de 2005 consagra y protege.



Por eso resultan tan injustas y ofensivas las palabras publicadas recientemente en el portal Mundotoro, donde se habla del Perú como un “país indigenista” o como “el tercer mundo del toreo”. Porque lo indígena en nuestro país no es un insulto: es raíz, identidad y orgullo. Lo verdaderamente ofensivo es cuando esa palabra se usa con sarcasmo, como si se tratara de una forma de ridiculizar lo nuestro y ponerlo en un plano menor.

No es la primera vez que algunos, desde la distancia, miran al Perú con desdén. Lo hacen como si nuestra tauromaquia fuese un entretenimiento pintoresco, un pasatiempo de provincias o un destino de vacaciones para toreros. Nada más lejos de la verdad. Aquí los festejos son el corazón de muchas comunidades, y el toro bravo tiene un peso social y cultural enorme. Las plazas se llenan, las fiestas se organizan con meses de anticipación y la afición responde con pasión, entrega y respeto.


Mientras en otros lugares el toreo pierde espacio, en el Perú sigue vivo. En nuestros pueblos se celebran más festejos cada año, y se construyen nuevas plazas porque la afición lo exige. Esa vitalidad contrasta con el discurso cansado y elitista de quienes quieren vernos como un lugar marginal.

No olvidemos, además, que desde esta tierra ha surgido una figura que hoy es referencia mundial en el toreo. Ese hecho por sí solo debería bastar para entender que el Perú no es un apéndice ni una excepción, sino una parte esencial del mapa taurino actual. Por todo ello, no podemos aceptar que se nos encasille en términos reduccionistas ni que se nos falte al respeto. El Perú es una nación taurina con identidad propia, con diversidad y con futuro. Esa es la verdad que vemos cada vez que un toro sale al ruedo en Cajamarca, en Chota, en Tacabamba, en Lima o en cualquiera de nuestras plazas.

A quienes quieran seguir menospreciándonos desde lejos, les respondemos con hechos: aquí la tauromaquia se vive, se respeta y se engrandece. Y lo seguirá haciendo, porque forma parte de lo que somos como pueblo.

Tito Fernández



Premio al mejor torero de la Feria del Señor de los Milagros, Lima - Perú

1947 - Luis Procuna

1948 - Rafael Santa Cruz

1949 - Antonio Bienvenida

1950 - Desierto

1951 - Rafael Ortega

1952 - Luis Miguel Dominguín

1953 - Desierto

1954 - César Girón

1955 - Paco Mendes

1956 - Desierto

1957 - Jaime Ostos

1958 - Desierto

1959 - Luis Segura

1960 - Curro Romero

1961 - Gregorio Sánchez

1962 - Antonio Ordóñez

1963 - Santiago Martín "El Viti"

1964 - Manuel Benítez "El Cordobés"

1965 - M. C. El Pireo

1966 - Desierto

1967 - Curro Girón

1968 - Paquirri

1969 - Ángel Teruel

1970 - Ángel Teruel

1971 - Miguel Márquez

1972 - José Luis Galloso

1973 - Rafael Puga

1974 - Francisco Ruiz Miguel

1975 - El Niño de la Capea

1976 - Palomo Linares

1977 - José Mari Manzanares

1978 - Juan Antonio Esplá

1979 - José Mari Manzanares

1980 - Desierto

1981 - Francisco Rivera "Paquirri"

1982 - Curro Vázquez

1983 - Paco Ojeda

1984 - Antonio José Galán

1985 - José Mari Manzanares

1986 - José Ortega Cano

1987 - El Niño de la Capea

1988 - José Mari Manzanares

1989 - Desierto

1990 - Víctor Mendes

1991 - Freddy Villafuerte

1992 - Pablo Salas

1993 - Desierto

1994 - Emilio Muñoz

1995 - Enrique Ponce

1996 - Vicente Barrera

1997 - Rafael Gastañeta

1998 - Julián López "El Juli"

1999 - Manuel Caballero

2000 - Enrique Ponce

2001 - Ignacio Garibay

2002 - César Jiménez

2003 - Sebastián Castella

2004 - Miguel Ángel Perera

2005 - Julián Lopez "El Juli"

2006 - Sebastián Castella

2007 - Desierto

2008 - Enrique Ponce

2009 - Miguel Ángel Perera

2010 - Desierto

2011 - Enrique Ponce

2012 - Daniel Luque

2013 - Desierto

2014 - Enrique Ponce

2015 - Andrés Roca Rey

2016 - Andrés Roca Rey

2017 - Andrés Roca Rey

2018 - Joaquín Galdós

2019 - Desierto

2020 - Feria suspendida

2021 - Feria suspendida

2022 - Andrés Roca Rey

2023 - Sebastián Castella

2024 - Sebastián Castella

sábado, 30 de agosto de 2025

Pedro Luis paseó la única oreja de la novillada matinal celebrada en la plaza francesa de Bayona

 



En la mañana del 30 de agosto de 2025, la plaza de toros de Bayona se vistió de gala para recibir a los novilleros, y fue Pedro Luis quien se convirtió en el protagonista indiscutible de la jornada. Con su elegante capote y su innegable temple, dejó una huella imborrable en el corazón de los asistentes. Su actuación frente al tercer toro deslumbró a los presentes; cada pase fue una danza que reflejaba su conexión con el animal, un diálogo sincero entre hombre y bestia.


A pesar de que el acero no acompañó su gran faena, la ovación fue unánime y el clamor del público retumbó por los muros de la plaza. La única oreja que paseó Pedro Luis fue un símbolo de lo que



pudo ser; de haber logrado una mejor suerte con la espada, es seguro que habría añadido al menos dos orejas más a su triunfo. Sin duda, su talento dejó una expectativa vibrante para el futuro. ¡Qué gran día para la tauromaquia!


Ficha del festejo;

Plaza de toros de Bayona, Francia

Feria de l’Atlantique. 

Media de entrada. 

Novillos de El Montecillo.


CRISTIANO TORRES, vuelta al ruedo tras petición y vuelta al ruedo.

MARTÍN MORILLA, silencio tras aviso y silencio tras aviso.

PEDRO LUIS, oreja y ovacion tras aviso.

Incidencias:  La Peña Taurina Côte Basque entregó su premio al quite más artístico al diestro peruano Pedro Luís.



PEDRO LUIS Bayona, Francia 30/08/2025




martes, 28 de mayo de 2024

La Turomaquia en el Peru y su gran historia, Acho con mas de 250 años

 




HISTORIA DE LAS CORRIDAS DE TOROS EN EL PERU

Hay que reconocer que las corridas de toros no es una tradición heredada del antiguo Imperio de los Incas, porque éstas se remontan desde los primeros años de la llegada de los conquistadores españoles a América, y por supuesto el ganado bovino fue traído por los colonos tras su llegada al Perú, éste ganado sirvió primero para alimentación de la población hispana y luego cuando se expandió por los campos se pudo seleccionar el ganado bravo. El escritor peruano Ricardo Palma en su libro “Tradiciones Peruanas” manifiesta que la primera corrida lidiada en Lima fue en 1538 en celebridad de la derrota de los Almagristas, de lo cual no hay una fuente de datos fidedigna, y la otra en cambio es que la primera corrida se dio el lunes 29 de marzo de 1540 por la consagración de óleos, de la cual también se da cuenta en libros narrativos e históricos del clero.

Los conquistadores españoles Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Hernando de Luque pisaron por primera vez tierra del vastísimo imperio, desembarcando efectuado en el norte del Perú a principios de 1532. Aprovechó Francisco Pizarro para sus fines de conquista, la lucha que sostenían los dos soberanos Huáscar y Atahualpa, hijos y herederos ambos del fallecido Inca Huayna Cápac. Muertos los dos reyes Incas avanzó Pizarro hacia la capital del Imperio Incaico en el Cuzco, consolidando poco después la conquista española.


Desde el primer momento surgieron desavenencias entre los capitanes españoles Pizarro, Almagro, Hernando, Juan y Gonzalo Pizarro, y Francisco de Carvajal. Duró este sombrío período de conquista hasta que poco a poco, y por unas causas u otras fueron muriendo los protagonistas del drama. En circunstancias tan adversas era normal que la fiesta española no enraizara como sucedió, ya que todo lo hicieron por el avasallamiento. Existieron muchas corridas de toros y de todo ello dio fe el escritor Inca Garcilaso de la Vega en sus crónicas de la famosa obra “Los Comentarios Reales”. Las corridas de toros debieron ser mínimas en los primeros años, pero después con el desarrollo ganadero fueron incrementándose.




Las constantes guerras entre los conquistadores concluyeron en el año del 1556, con la llegada del tercer Virrey don Andrés Hurtado de Mendoza, de quien se dice que fue un hombre prudente pero enérgico a la vez, por lo que pronto consiguió pacificar el virreinato condenando a unos, enviando a otros a España, en algunos casos embarcó en la dudosa aventura a “El Dorado” a los más ambiciosos. Era “El Dorado” el nombre que se le daba por aquellos años a una región en la Amazonía del Virreinato, la misma que cautivaba a ambiciosos que anhelaban riquezas, o aquellos revoltosos e inquietos españoles que restaban unidad a la corona española. El virrey Hurtado de Mendoza consignó estos hechos y fue fundamental para el establecimiento definitivo de las fiestas con corridas de los toros. El citado virrey escribió lo siguiente: “Los derechos que el Alguacil Mayor de esta ciudad había de llevar por la ocupación y trabajo las tendrá cuando se corran toros ..... y suplicamos ahora a Su Excelencia que de los toros que en esta ciudad corriesen en las fiestas ........ que el primer toro que se corriera de cada una de las dichas fiestas, sea y se dé al Alguacil Mayor de esta ciudad, atento a que él y sus alguaciles se ocupen mucho en el hacer y deshacer y guardar las talanqueras ......”, este texto figura en el libro “Historia Taurina del Perú” de José Emilio Calmell, publicado a mediados del siglo pasado. El Convictorio de San Carlos y la Facultad de San Fernando, actualmente esta facultad pertenece a la prestigiosa Universidad Nacional Mayor de San Marcos, obligaba en aquella época a que sus alumnos que se doctoraban (ósea obtenían la graduación profesional), tenían que costear una corrida de toros como agradecimiento a la corona española por su educación. Así se expresaba en su constitución: “Y más ha de ser obligado el que se doctorase a dar toros que se corran aquel día del grado en la plaza pública de esta ciudad”.

En la Plaza mayor de Lima el 27 de julio de 1622 se dio una corrida de toros para agasajar al nuevo virrey don Diego Fernández de Córdoba, Marqués de Guadalcázar. Y en septiembre del mismo año volvieron a correrse toros: “Se hicieron fiestas reales de toros y cañas, y se convidó al Virrey, Audiencia y Universidad para que las viesen en las casas de Cabildo, cuyas galerías estuvieron ricamente colgadas y se dio colación a todos sus concurrentes y sus mujeres. Salieron a caballo muchos caballeros ricamente vestidos a lo cortesano, con rejones en mano y llevando pajes de librea... En las ventanas, balcones, terrados y tablados de la plaza había gran concurso de gente y se jugaron veinte toros; los caballeros hicieron algunos lances y mostraron su bizarría”. En la época del mandato del Virrey Marqués de Guadalcázar se celebraban las fiestas más suntuosas que acaso se celebraron en Lima hasta entonces. Fue el motivo el regocijo por el nacimiento del príncipe Baltasar Carlos. La organización corrió a cargo de los gremios de la ciudad (confiteros, pulperos, sastres, zapateros, orfebres, herreros y comerciantes), que procuraron excederse en el rumbo y el acierto, pues a cada uno se le asignó un día de los siete que duraron las corridas. Comenzaron los confiteros y siguieron los pulperos, los sastres, los zapateros, los plateros, los herreros y los mercaderes. Por cierto, que en ellas tomó parte, y muy brillante, el tratadista taurino don Juan de Valencia que a la sazón se encontraba en el Perú, dejó bien sentado la cátedra de tauromaquia que practicaba con destreza, lo mismo que escribía en sus preceptos y ordenanzas. Su mayor éxito lo obtuvo en la última corrida, es decir, la de los mercaderes, en la que se hartó de hacer buenas suertes con los toros.


Será el nombre de Juan de Valencia quien seguramente inicie la historia taurina del Perú, porque debemos considerarle como el primer torero famoso que viajó del Perú a España, pues en las fiestas taurinas de la Corte éste diestro acreditó su competencia, siendo de los más famosos rejoneadores entre los nacidos entonces. Juan de Valencia había nacido en Lima en 1605 y pertenecía a una ilustre familia zamorana que presumía de linaje real, como descendientes del famoso infante don Juan Manuel. Razón por la que le llamarón “Juan de Valencia el del infante”. Nació el año de 1605, mismo año en el que nació Felipe IV quien fue autor de las “Reglas para torear y para poderlo errar”, pues don Juan como tantos autores de reglas de torear, unía la preceptiva a la práctica del rejoneo, toreó en la ‘Puerta del Sol’ en Madrid el miércoles 2 de octubre de 1641 con motivo de la Traslación de la imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso. Escribió en su obra firmada en Madrid el 26 de octubre de 1639, habitar en la Villa y Corte a partir de los catorce años de edad.

Es imposible hablar de cuantas fiestas de toros se verificaron en la ciudad de Lima durante el virreinato. Sólo nos referiremos a las más importantes o a las que, desde el punto de vista taurómaco, hayan tenido alguna significación.
Durante los años 1659 y 1660 se realizaron diez “Corridas Reales”, que fueron corridas de toros por el nacimiento del príncipe Felipe, hijo del Rey Felipe IV. Como en España esas fiestas resultaban animadas y variadas, el virrey Conde de Alba de Liste, jugaba cañas; interviniendo caballeros rejoneadores; hubieron alcancías, fuegos, luminarias, pilas de vino, toros con artificio de fuego por la noche; lucha de moros y cristianos; lanzadas, volatín en una maroma; moharras, toro ensillado, máscara ridícula y figuras alusivas a diversos temas. En la última corrida con motivo del alumbramiento real, se echó un toro para los indios, montaron éstos en la plaza un castillo, al que rindieron tras un simulacro de lucha, y por último salieron dos indios a garrochar a los toros.
En años posteriores se verificaron corridas de toros: el 15 de noviembre de 1667, con ocasión de la llegada del Virrey Conde de Lemos, al puerto del Callao, celebrándose una corrida en esta ciudad porteña el 24 de julio de 1668. Después otra en Lima por el nacimiento de un hijo de éste Virrey en la que se corrieron toros ensogados. El mismo virrey Conde de Lemos escribió la relación a las fiestas celebradas en la llamada Ciudad de los Reyes, que con ocasión de haber sido beatificada Rosa de Lima, ésta fue una de las siete corridas de toros que se dieron por aquellos años.

No todos los virreyes fueron amantes de las corridas. Tal fue el caso del Conde de Chinchón que en determinado momento trató de impedir la celebración de las corridas de toros, lo que dio lugar a que durante el virreinato del Marqués de Mancera, Su Majestad el Rey Felipe IV dictara una Real Cédula a favor de la celebración de las corridas de toros.

Por varios años las fiestas de toros se verificaron en la Plaza Mayor de Lima, cerrándose con
talanqueras, tablados y barreras, en todo el contorno interior de dicha plaza, con lo que quedaban tapadas las ocho calles que de ella partían. Durante el gobierno del cuarto Virrey (1561-1564), don Diego López de Zúñiga, Conde de Nieva, se construyeron los arcos de esta plaza y se determinó que fueran anualmente cuatro las principales fiestas de toros, autorizando un gasto en colación de ciento cincuenta pesos para cada una de ellas. Habían de darse las corridas en: Pascua de Reyes, San Juan, Apóstol Santiago y Nuestra Señora de la Ascensión. Además, solían celebrarse corridas a la llegada de nuevo virrey, juramentación u conmemoración de monarcas, canonizaciones y con otros pretextos. Para las corridas de menos importancia o menos suntuosas, se habilitaban plazas o plazuelas que no eran la Mayor (o llamada la de Armas), entre las que figuraban: plazoleta de Santa Ana, plaza de la Inquisición, plazoleta del Cercado, plazuela de Cocharcas, plazoleta de Santo Domingo, etc.

Las fiestas de toros no entusiasmaban solamente en el Perú a los españoles, si no que al parecer, también los esclavos negros e indios dominados, gustaban de esta corridas, inicialmente como pasivos espectadores, y luego también como activos toreadores. En un concilio provincial, los prelados pidieron “que no se corran toros entre indios, ni por semejante ocasión les hagan poner las talanqueras sin pagarles, y haciéndoles perder la misa en día de fiesta ...”, según se describe en uno de los libros del cabildo de esa época que se guarda celosamente en la biblioteca de la Municipalidad de Lima.

En todo el siglo XVII son numerosísimas las fiestas de toros, pues la pasión no había disminuido, abundando mucho más los datos históricos. Fue en 1602 los dominicos organizan en la plazoleta de Santo Domingo una suntuosa corrida como término de los festejos con motivo de la canonización de San Raimundo de Peñafort. En ella tomaron parte muchos caballeros de la aristocracia limeña. El 8 de enero de 1670 hubo corrida de toros y cañas en Lima. El 27 del mismo mes cuatro caballeros clavaron rejones: don Luis de Sandoval dio un rejonazo, sacando malherido el caballo; don Manuel de Andrade puso dos rejones, despedazando al toro; don Diego Manrique atravesó el cuello del toro con un rejón, y don Cristóbal de Llanos mató tres astados, por lo que fue vitoreados.

El 13 de febrero de 1672 se corren toros ensogados; el 11 y 13 de agosto de 1674 se celebraron corridas en el puerto del Callao a la llegada del Virrey don Baltasar de la Cueva; el 6 de noviembre del mismo año, en celebración del cumpleaños de Carlos II, se organiza una corrida de toros en la Plaza Mayor de Lima. En 1682 el Virrey Duque de la Palata prohíbe “llevar toros a las cercas y plazuelas de los conventos de religiosas para correrlos”. El día 8 de diciembre de 1963 don Melchor Portocarrero, Conde de la Monclova y vigésimo tercer virrey del Perú, organiza una gran corrida en la Plaza Mayor de Lima para celebrar la reedificación del Cabildo, del Palacio y de los Portales de dicha Plaza Mayor, destruidos por el terremoto de 1687.


Ya con la llega del nuevo siglo la fiesta de toros en el Perú comenzó a tener un aspecto más formal, evolucionando hacia el predominio del torero de a pie, pues actuaron con mayor regularidad toreros profesionales, se dio comienzo a la edición de listines de los toros que saldrán en cada corrida, y los capeadores de a caballo, un modo de torear peculiar de éste lado del Reino de España, trabajaron en casi todas las funciones, sin olvidar a los rejoneadores profesionales que también figuran.

En octubre de 1701 se verificaron en Lima fastuosas fiestas de toros para celebrar la proclamación de Felipe V, en la primera de ellas aparece el primer listín o lista de los toros, antecedente del cartel, en el que se consignan los nombres de los astados, las pintas de éstos y las ganaderías de las cuales procedían, como ejemplo: “El Gallardete, overo, de Huando; El Invencible, retinto, de Bujama; y otros...”. Por el nacimiento del Príncipe de Asturias Luis Felipe, después Luis I, hubo en Lima Fiestas Reales con corridas de toros. Con motivo de sus bodas también se celebraron varias corridas: “la primera el 12 de abril, la segunda el 13, la tercera el 17 de abril, la cuarta el 19 de abril, la quinta el 21 de abril, de igual mes del año de gracia de 1723”. Y aún cuando en la relación titulada “Júbilos de Lima”, de Peralta y Barnuevo, las crónicas de ese entonces no aclaran demasiado, pareciera ser que hubieron más corridas de toros de esas cinco a las que se ha aludido. Y al año siguiente, también se corrieron toros por haber jurado don Luis como heredero de la Corona de España. Por aquellos años se festejaron con corridas dos canonizaciones: la de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo el 10 de diciembre de 1726 y la de San Francisco Solano el 27 de diciembre de 1726.

El 29 de julio de 1737 se jugaron veintidós toros en el pueblo de Surco (actualmente distrito de Lima Metropolitana). Al concluir el primer tercio del siglo XVIII eran abundantes los toreros que ejercían en el Perú esta profesión, actuando principalmente en corridas ordinarias y hasta en los pueblos más pequeños, aún cuando en las listas de toros, donde ya figuraban por esa época las divisas de las ganaderías, no aparecen, sin embargo los nombres de aquellos lidiadores empiezan a parecer en los listines taurinos. En el año de 1756 se levantó en Lima la primera plaza de toros, pero su construcción fue de madera, los productos de las corridas en ella verificadas estaban destinados a la reconstrucción del Hospital de San Lázaro destruido por el terremoto de 1746, plaza que había de ser también la primera en América hecha ex profesamente.

En la Plaza Mayor de Lima, y en 1760, se celebra una real fiesta de toros para festejar la elevación al trono de Carlos III. Dos años después en igual escenario, se organizan cuatro corridas como agasajo al nuevo Virrey don Manuel de Amat y Juniet quien fuera amante de la famosa Micaela Villegas “Miquita” ó más conocida como “La Perricholi”, de quien del virrey se enamoró perdidamente.
Durante el mandato de este virrey se construyó la plaza firme de Lima, estrenada aún sin concluir el 30 de enero de 1766. No por ello dejaron de jugarse toros en la Plaza Mayor, especialmente cuando se trataba de fiestas reales, y en diversas plazuelas, hasta en el teatro. Los limeños se sentaban en la plaza a las diez de la mañana para presenciar el encierro y no se levantaban hasta verlos lidiados, por la tarde, los veinte toros de que solía constar las corridas de aquella época, como en Sevilla, Valencia, Madrid o en cualquier ciudad española. En la temporada de 1780 ya figuraban en la Plaza de Toros de Lima o “Plaza de Acho” los nombres de los lidiadores siguientes:

Matadores: Manuel Romero, El Jerezano, y Antonio López, de Medina Sidonia.
Picadores y Rejoneadores: José Padilla, Faustino Estacio, José Ramón y Prudencio Rosales.
Capeadores de a caballo: José Lagos, Toribio Mújica, Alejo Pacheco y Bernardino Landaburu.

Tres suertes al menos eran privativas del toreo peruano del siglo XVIII, éstas eran: la suerte del puñal, la monta de toros al pelo y/o ensillados; y el capeo desde el caballo.

Por la exaltación al trono de Carlos IV se celebraron corridas de toros en la Plaza Mayor de Lima,

como capital del Virreinato del Perú, y durante el año de 1790, varias corridas reales. En ellas intervinieron rejoneadores profesionales, capeadores, doce toreros de a pie (cuyos nombres no se consignan en el listín), dos desjarretadores. Las últimas corridas del siglo XVIII fueron: cinco fiestas reales en 1791 para agasajar al Virrey Fray Francisco Gil de Taboada, en la Plaza Mayor de Lima, con rejoneadores, capeadores y doce toreadores divididos en dos cuadrillas: una de las cuadrillas fue la de Miguel Utrilla y la otra la del peruano José Pizi. Las temporadas de 1792 a 1795 se desarrollaron normalmente en la Plaza de Acho. Al siguiente año de 1796 hubo cinco corridas reales en la Plaza Mayor de Lima para recibir al nuevo Virrey Marqués de Osorno, en las que intervinieron capeadores de a caballo, rejoneadores y matadores, banderilleros y picadores europeos, y doce toreadores del país, cuyos nombres no figuran en el cartel.
Tres corridas extraordinarias más fueron las que presenciaron los limeños en su Plaza Mayor (o también llamada Plaza de Armas) el año de 1797, organizadas para reunir recursos con que terminar las torres de la catedral. Ese mismo año la temporada continuó normalmente en la Plaza de Acho, donde desde algunos años atrás se acostumbraba echar un toro para ser lidiado por aficionados bisoños, algunos de los cuales se harían toreros profesionales.

El siglo XIX comenzó en la Plaza de Acho con la consabida temporada de diciembre a enero (1800 - 1801). Figuraron como toreros cuatro capeadores de a caballo, dos rejoneadores, dos banderilleros europeos, tres matadores con espada, cinco matadores con puñal y banderilleros, dos capeadores de a pie y dos desjarretadores, innominados. Siguen figurando en los programas la lanzada, parlampanes (individuos mojigangeros), perros; además el nombre, procedencia, pinta y divisa de los toros, más un astado para muchachos noveles. Las sucesivas temporadas en la Plaza de Acho se desarrollaron normalmente a lo largo de diciembre de 1806 y organizadas por el ayuntamiento limeño, efectuándose cinco corridas de toros en la Plaza Mayor de Lima para festejar el recibimiento del Virrey don José Fernando de Abascal. Cuatro corridas más, todas ellas extraordinarias, se verificaron en enero de 1807, y dos corridas extraordinarias también, los días 3 y 9 de febrero siendo estas las últimas que se efectuarían en la Plaza Mayor de Lima. En adelante se celebraron únicamente en la plaza firme de Lima (Plaza de Acho), por cierto con muy buenos rendimientos para sufragar a las necesidades económicas que las luchas por la emancipación exigían.

Proclamada la Independencia del Perú el 28 de julio de 1821 continuaron las corridas, aunque con toreros del país y algunos toreros mexicanos, haciéndose una sola excepción con el diestro gaditano Vicente Tirado, que durante el virreinato ya contaba con muchas simpatías, y que siguió actuando hasta 1836 en que fallece. Con la Independencia del Perú no quedó torero español alguno en el país, excepto Vicente Tirado. Como consecuencia de tal acontecimiento, las suertes de pica y banderillas desaparecieron temporalmente, quedando para quebrantar a los toros el capeo a caballo, tradicional modo del toreo nacional, ejecutándose la llamada “Suerte Nacional”.
El 7 de enero de 1849 se presentó en Lima la primera cuadrilla de toreros españoles. Con esta cuadrilla resucitó en el Perú las suertes de pica y banderillas. Y a partir de ese año ya se hace más frecuente la visita de toreros hispanos. El primer matador de cierto relieve que pisa el albero de la Plaza de Toros de Acho es Gaspar Díaz “Lavi”, diestro español. Se presentó el 16 de noviembre de 1851. Y en 1856 se estrenó en Lima José Lara “Chicorro” quien actúo hasta el año de 1885. Como matador efectúo su presentación en Lima en 1859, el nacional Ángel Valdez “El Maestro”. Este valeroso diestro ejercía la profesión con el aplauso y la admiración de todos hasta el 19 de septiembre de 1909.

En 1869 se presentaron en Lima los diestros españoles Vicente García “Villaverde” y Francisco Sánchez “Frascuelo”; en 1870, Manuel Hermosilla y Francisco Díaz “Paco de Oro”. Ese mismo año se hizo empresario de la Plaza de Acho el acaudalado limeño don Manuel Miranda. Llevando a cabo en ella una profunda reforma. Mientras las obras se efectuaban, viajó a España para contratar toreros y adquirir toros. En efecto compró seis toros y doce vacas de Veragua, seis astados de Miura, seis de Colmenar, doce de Mazpule y seis de Navarra. Como tenía el propósito de fundar una ganadería brava, adquiere la finca de Cieneguilla, en el valle de Pachacámac. Traslada a ella un semental y más de cien vacas compradas a la acreditada ganadería del país “Rinconada de Mala” y otras hembras de diferentes ganaderos peruanos. Este ganado desapareció años después en la guerra sostenida entre Perú y Chile.
En el transcurso del siglo XIX las corridas sufrían una seria transformación hasta ejecutarse totalmente como en España, pues desaparecen los “capeadores de a caballo”, imponiéndose los picadores. Decir que casi todos los toreros españoles han toreado en Lima parece una exageración; sin embargo, no lo es. Desde 1871 han toreado en la Plaza de Acho entre otros famoso: Julián Casas “El Salamanquino”, Gonzalo Mora, Cúchares de Córdoba, Gerardo Caballero, Ángel Fernández “Valdemoro”, José Ponce, Ángel Pastor, Cacheta, Rebujina, José Machío, Cayetano Leal “Pepe-Hillo”; en 1891 torearon “Cuatro Dedos”, que gusta muchísimo por la maestría con que ejecuta las suertes. Al año siguiente regresó “Cuatro Dedos” al Perú llevando consigo cuatro sementales de Miura, dos de los cuales consiguió vender a los ganaderos don Vasco Fernández y a don Federico Calmet. Hasta la conclusión del siglo pisan todavía el ruedo de la Plaza de Acho algunos banderilleros y espadas españoles. Entre estos últimos: Manuel Nieto “Gorete”, José Villegas “Potoco”, José Pascual “Valenciano”, Juan Antonio Cervera, Francisco González “Faíco” y Antonio Escobar “El Boto”.

En 1901 se presentaron en Lima los diestros Francisco Bonal “Bonarillo” y “Capita”, ese mismo año llega nuevamente de España el picador “Faíco” con cuatro sementales españoles, que adquieren ganaderos peruanos. El 22 de febrero de 1902 torea Ángel Valdez “El Maestro” su penúltima corrida, pues por enfermedad no vuelve a lidiar hasta 1909, en que se retira. En la cuadrilla de Manuel Molina “Algabeño Chico” hizo su presentación en Lima un 13 de abril de 1902 el famoso piquero madrileño Manuel Martínez “Agujetas”, a quien se debe definitivamente la implantación en el Perú de la suerte de varas. Más presentaciones como las de Antonio Olmedo “Valentín” y Ángel García “Padilla”. En el año de 1903 se presentó Juan Sal “Saleri”, en 1904 “Guerrerito”, en 1905 Vicente Pastor, en 1906 “Lagartijillo”, José Machío Trigo, “Lagartijillo Chico”, en 1907 “Cocherito de Bilbao”, y en 1909 “Platerito”. Es necesario destacar que el domingo 19 de septiembre de 1909 se despidió en Lima, el matador peruano Ángel Valdez “El Maestro” matando de una magnífica estocada un toro de seis años que no había sido picado. Contaba a la sazón setenta años de edad, no andaba muy bien de salud y cumplía cincuenta años como lidiador. Falleció el 24 de diciembre de 1911.
Los diestros que por sus actuaciones destacaron en los años siguientes fueron: Agustín García “Malla”, Rodolfo Gaona, José Ignacio Sánchez, José Gárate “Limeño”, José Gómez Ortega “Gallito” o “Joselito” y Juan Belmonte. En 1918 se jugaron por primera vez toros del cruce español de Veragua con vacas de “El Olivar”, de propiedad de don Manuel Celso Vásquez. En la temporada de 1919 –1920 toreó el diestro José Gómez Ortega “Joselito” ó “Gallito” en varias tardes. También actúo en Acho “Chicuelo” en la temporada de 1921 – 1922. Sin embargo fue Rafael Gómez “El Gallo” quien obtuvo grandeséxitos de clamor. Marcial Lalanda (1927 – 1928) demostró cuanto valía; Antonio Cañero quedó muy bien a caballo y a pie (1929 – 1930); el venezolano Julio Mendoza toreó entre grandes aplausos en el año de 1934, el rondeño El Niño de la Palma también gustó allá por la temporada de 1934 – 1935.

En el año de 1944 un grupo de aficionados limeños entre los que destacan Fernando Graña Elizalde, Alejandro Graña Garland, José Antonio Roca Rey deciden tomar en arriendo la Plaza de Acho a través de la Sociedad Explotadora de Acho por 20 años, con la condición puntual de remodelar la Plaza de Toros de Lima (Plaza de Acho) aumentando su capacidad de seis mil setecientos a trece mil trescientos. Se hicieron excavaciones para ahondar el ruedo y elevar la plaza con la finalidad de dotarla de mayor capacidad. Fue en el año de 1946 que gracias a la campaña periodística del crítico taurino del diario “El Comercio” de nombre Fausto Gastañeta “Que se vaya” y también la gestión continuada de su sucesor, el también crítico taurino Manuel Solari Swayne “Zeñó Manué”, se crea la importante Feria del Señor de los Milagros, que hasta la fecha existe, y que desde entonces han pasado por Lima, las principales figuras de la coletería mundial, así como también las más prestigiosas ganaderías del planeta taurino. Dando por descontado el éxito de los torero peruanos y del ganado nacional.
Fuente; Dikey Fernandez


El Huracan de los Andes.mp4 from Jorge Arancivia on Vimeo.


martes, 3 de enero de 2023

𝐈𝐍𝐀𝐔𝐆𝐔𝐑𝐀𝐂𝐈Ó𝐍 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐏𝐋𝐀𝐙𝐀 𝐃𝐄 𝐓𝐎𝐑𝐎𝐒 𝐌Á𝐒 𝐆𝐑𝐀𝐍𝐃𝐄 𝐃𝐄𝐋 𝐏𝐄𝐑Ú

 


𝐀𝐂𝐎𝐍𝐓𝐄𝐂𝐈𝐌𝐈𝐄𝐍𝐓𝐎 𝐏𝐀𝐑𝐀 𝐄𝐋 𝟐𝟎𝟐𝟑:

Revista Fiesta Brava

𝑬𝒏 𝒔𝒖 𝒇𝒂𝒔𝒆 𝒇𝒊𝒏𝒂𝒍 𝒍𝒐𝒔 𝒕𝒓𝒂𝒃𝒂𝒋𝒐𝒔 𝒅𝒆 𝒄𝒐𝒏𝒔𝒕𝒓𝒖𝒄𝒄𝒊ó𝒏 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒑𝒍𝒂𝒛𝒂 𝒅𝒆 𝒕𝒐𝒓𝒐𝒔 "𝑨𝒏𝒅𝒓é𝒔 𝑹𝒐𝒄𝒂 𝑹𝒆𝒚". 𝑺𝒆 𝒖𝒃𝒊𝒄𝒂 𝒆𝒏 𝑪𝒊𝒆𝒏𝒆𝒈𝒖𝒊𝒍𝒍𝒂 𝒚 𝒂𝒍𝒃𝒆𝒓𝒈𝒂𝒓á 𝒂 𝒎á𝒔 𝒅𝒆 17,000 𝒑𝒆𝒓𝒔𝒐𝒏𝒂𝒔 𝒄ó𝒎𝒐𝒅𝒂𝒎𝒆𝒏𝒕𝒆 𝒊𝒏𝒔𝒕𝒂𝒍𝒂𝒅𝒂𝒔.

Textos y fotografías: 𝐉𝐮𝐚𝐧 𝐌𝐞𝐝𝐫𝐚𝐧𝐨 𝐂𝐡𝐚𝐯𝐚𝐫𝐫í𝐚 /.



Don Williams Moisés Herrada Rubio es un soñador empedernido. Hace siete años -en tiempos difíciles y virulentos-, se propuso edificar una plaza de toros en un lugar agreste de Cieneguilla. 


El año pasado montó una feria en esos predios. No le fue mal pero la
cosa tampoco fue para halagarse. Sin embargo, don Williams tiene fé y no cesa en su empeño. Día a día la plaza de yergue majestuosa y nada detiene su vertiginoso avance.

Nos comenta que su inauguración de todas maneras será este año. Antes, montará un corto ciclo de festejos que probablemente se anunciarán para el mes de febrero. El puente que une Cieneguilla con el fundo donde se levanta la plaza, ya está listo y facilitará enormemente el acceso al coloso taurino.


Respecto del nombre que llevará la plaza, señala: "En 2016 me entrevisté con Andrés Roca Rey en Pamplona, en plenos Sanfermines. Le comenté que estaba construyendo una plaza de toros en Cieneguilla, y que en homenaje a su encumbrada figura, orgullo del Perú, la plaza 
llevaría su nombre..." 

Andrés asintió y agradeció la deferencia. En 2017 don Williams le
reiteró el comentario en Huamachuco. Posteriormente hizo lo mismo en Celendín. En las tres oportunidades el torero mostró su conformidad y agradecimiento por tal deferencia.



Sin duda, éste será un año decisivo en los destinos de este grandioso y colosal escenario. Alas y buen viento para su constructor...!