Un espectador de lujo y una leyenda del toreo en Aguascalientes, Mexico.
Años después de triunfar como niño prodigio en la Monumental de San Marcos, Andrés Roca Rey volvió al ruedo que lo vio crecer. Esta vez, como espectador de lujo en la final del Encuentro Mundial de Novilladas, que coronó a Alonso Mateo, y con un gesto que dice mucho de su grandeza: subir al tendido, sentarse en la última fila con su hermano y apoderado Fernando Roca Rey, para ver el festejo desde la mirada del aficionado.
Niños, jóvenes y hasta una muchachita con un ramo de claveles se acercaron hasta allí para saludarlo y tomarse una foto. Andrés, con esa autenticidad que lo define, atendió a todos con una sonrisa. Dicen que la verdadera figura no se mide solo en el ruedo, sino en gestos como estos.
Y como broche, al finalizar el paseíllo, entregó personalmente unos avíos de torear al joven Juan Miguel Sánchez, ganador de la Copa Aguascalientes.
Hoy 25 de abril 2025, el ruedo volverá a ser suyo en el mano a mano con Joselito Adame. Pero ayer, Aguascalientes volvió a confirmar lo que ya sabe: Andrés Roca Rey no solo torea. Inspira.
Raul Acha Sáenz "Rovira" figura del toreo de nacionalidad argentina, peruana y española, figura del toreo en el siglo pasado y padre del cantante y
novillero Emmanuel.
Rovira, de ascendencia española y quechua nace en Buenos Aires Argentina, en 1920, viaja a inicios de la siguiente década a España, donde participa en varias capeas y consolida su afición por la tauromaquia. Lamentablemente iniciada la guerra civil y tras estar en un campo de concentración, regresa a América para instalarse en Lima y adquirir la nacionalidad peruana.
Regresa a España para la te pirada 1945-1946, tomando la alternativa en Barcelona, de manos de Manuel Escudero y contando de testigos Julián Marín y Luis Briones.
Sus habilidades como estoqueador lo colocaron en la tercia de los mejores matadores de la época,
compitiendo con Dominguin y Manolete, cuya muerte en Linares de este último no hizo más que acentuar más la competitividad entre el padre de Emmanuel y el de Bose.
Rovira falleció en la ciudad de Cuernavaca, Morelos, México, un 04 de junio del 2007 a la edad de 87 años y a consecuencia de una enfermedad cardiovascular.
Entre su descendencia destaca su hijo Emmanuel, producto de su matrimonio con la tonadillera Conchita Martínez; así como Alexander Acha, hijo de éste y por ende nieto de Rovira, siendo ambos (hijo y nieto) grandes aficionados por la tauromaquia y destacando Emannuel como novillero, quien por afición, trató, en su momento, de seguir los pasos de su padre.
Tras la guerra civil española, y una estancia en un campo de concentración en Francia, regresa a Argentina, donde realiza los más diversos trabajos. Sin embargo, marcha al Perú para continuar dedicándose a los toros, participando en novilladas.1 Es ganador del Trofeo de la Feria de Lima antecesora de la Feria del Señor de los Milagros en el año 1944. Tomó la alternativa en España el 24 de junio de 1946, en Barcelona siendo su padrino de Manuel Escudero junto con Julián Marín y el mexicano Luis Briones. El 10 de octubre, tomó la confirmación en Las Ventas, con toros de Joaquín Buendía, siendo su padrino "Gitanillo de Triana" y testigo Agustín Parra "Parrita". Rovira salió por la puerta grande de Las Ventas en cuatro ocasiones: en 1947, 1948, y dos veces en 1949. El 12 de junio de 1947 actuó en Las Ventas en la corrida a la que asistió Eva Perón, en calidad de torero nacido en Argentina.
“El Bola”, gran cantante, (Emmanuel) al que sus frágiles rodillas le impidieron caminar los senderos del toreo, organizó un homenaje a su padre, al que asistieron Juanito Bienvenida, Manolo Lozano, Alfonso Ramírez “El Calesero”, el periodista mexicano Guillermo Salas, el compositor Manuel Alejandro, Gabriel Alonso, El Tano y El Churri, Marcial Ayaipoma y los hermanos Antonio y Alfonso Galán, entre muchos amigos del maestro.
Rovira llegó a torear 18 tardes y corto 12 orejas en Madrid donde pudo haber sido el homenaje pero el significado de Lima en la vida Rovira, es mucho más grande porque tiene que ver con las raíces del hombre y del torero.
Andrés Roca Rey asume su posición como líder indiscutible del toreo con grandes retos y decisiones que marcarán su camino. Con 585 tardes a sus espaldas, 1,057 orejas y 32 rabos, Andrés sigue escribiendo la historia del toreo despues de haber marcado pautas en todo el ambito taurino. Roca Rey sera el nombre que siga llenando las oplazas de toros y escribiendo la historia del toreo moderno.
El torero venezolano hizo doblemente historia en la plaza de toros de Azpeitia. Además de lograr el primer indulto que se producía en este coso, hacía 40 años que no se cortaba un rabo en él.
¨Jesús Enrique Colombo y la ganadería de Murteira Grave hicieron historia este viernes en Azpeitia. El torero venezolano indultó a
‘Almirante’, el primer toro que se ganaba la vida en esta plaza y el primero del hierro portugués que lo hacía en España¨.
¨Tengo que mejorar muchas cosas, pero tengo ganas y una ambición enorme por ser figura del toreo¨
El triunfo de Azpeitia ha sido un triunfo más en una temporada cargada de éxitos y tras coronarse en Pamplona y salir de nuevo por la Puerta Grande. ‘Estoy haciendo una temporada muy importante.
Para mí es ya mi segundo país. Sigo una lucha enorme para poder estar en el lugar en el que quiero estar. Estoy muy orgulloso de cómo van saliendo las cosas. Sé que puedo dar más’, concluye el torero.
Andrés Roca Rey ante su primer lleno en el Teatro Ateneo de Valencia - Un Diálogo con el Corazón del Toreo
En un evento en el que habian puestas muchas expectativas, el teatro Ateneo de Valencia se vio desbordado por aficionados y curiosos ansiosos por escuchar a Andrés Roca Rey, el torero que ha revolucionado la tauromaquia contemporánea. Moderado por José Luis Benlloch y con la presencia de Víctor Zabala, representante de la empresa gestora de la plaza, el acto prometía ser revelador.
Roca Rey inició su intervención reconociendo la juventud como un vínculo especial, "un feeling" que lo une a generaciones emergentes, evidenciando el respeto profundo hacia la tradición y los valores del toreo, pilares que, según él, son únicos en este arte.
El diestro compartió su gratitud hacia el toro, ese compañero de baile en la arena, al que pide bravura y principalmente que me ayude, q sea bravo, que transmita, que nos acordemos de él y que me permita hacer faenas que no se olviden. . Sobre su esperada lidia con toros de Victorino Martín en Sevilla, confesó que es un desafío largamente ansiado, una decisión nacida del corazón y de la búsqueda de nuevos horizontes emocionales.
Roca Rey no eludió hablar del miedo, esa constante que lo acompaña antes y durante cada encuentro, y cómo la preparación mental es clave para enfrentarlo. La emocionante tarde en Bilbao fue un punto de inflexión, un momento de completa entrega y fidelidad a su esencia.
Benlloch le citó a Ordóñez con aquella famosa frase de estar dispuesto a morir 7 u 8 tardes al año, por su parte Andrés afirmó estar dispuesto a morir en la plaza, a vivir ese trance que le permite vivir el toreo con una sensibilidad extrema, alejado de lo material, en un estado de entrega total.
El matador también reflexionó sobre la técnica y su relación con la magia del momento, la compatibilidad entre épica y estética, y cómo su timidez se transforma en expresión y libertad dentro del ruedo. Recordó sus inicios, la ilusión de su primera muleta y capote cuando llegó a España, y la influencia de ídolos como El Juli, que marcaron su camino hacia la grandeza.
Entre risas, confesó tener manías que intenta, aunque sin éxito, dejar atrás. Pero más allá de las anécdotas, Andrés Roca Rey dejó un mensaje de pasión, compromiso y humildad, invitando a todos a seguir soñando y a enfrentar los miedos con valentía.
La velada en el Ateneo de Valencia no fue solo un acto previo a su doble comparecencia en la feria de Fallas, sino una ventana al alma de un torero que, más allá de premios y reconocimientos, busca conectar con cada corazón desde la sinceridad de su arte.
En cada palabra, Andrés Roca Rey reiteró su amor por el toreo, su respeto por la tradición y su incansable búsqueda de emociones genuinas, tanto dentro como fuera de la arena. Valencia, y en especial la feria de Fallas, se prepara para acoger a un torero que no solo desafía al miedo sino que invita a la afición a vivir junto a él cada instante de pasión.
Hay que reconocer que las corridas de toros no es una tradición heredada del antiguo Imperio de los Incas, porque éstas se remontan desde los primeros años de la llegada de los conquistadores españoles a América, y por supuesto el ganado bovino fue traído por los colonos tras su llegada al Perú, éste ganado sirvió primero para alimentación de la población hispana y luego cuando se expandió por los campos se pudo seleccionar el ganado bravo. El escritor peruano Ricardo Palma en su libro “Tradiciones Peruanas” manifiesta que la primera corrida lidiada en Lima fue en 1538 en celebridad de la derrota de los Almagristas, de lo cual no hay una fuente de datos fidedigna, y la otra en cambio es que la primera corrida se dio el lunes 29 de marzo de 1540 por la consagración de óleos, de la cual también se da cuenta en libros narrativos e históricos del clero.
Los conquistadores españoles Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Hernando de Luque pisaron por primera vez tierra del vastísimo imperio, desembarcando efectuado en el norte del Perú a principios de 1532. Aprovechó Francisco Pizarro para sus fines de conquista, la lucha que sostenían los dos soberanos Huáscar y Atahualpa, hijos y herederos ambos del fallecido Inca Huayna Cápac. Muertos los dos reyes Incas avanzó Pizarro hacia la capital del Imperio Incaico en el Cuzco, consolidando poco después la conquista española.
Desde el primer momento surgieron desavenencias entre los capitanes españoles Pizarro, Almagro, Hernando, Juan y Gonzalo Pizarro, y Francisco de Carvajal. Duró este sombrío período de conquista hasta que poco a poco, y por unas causas u otras fueron muriendo los protagonistas del drama. En circunstancias tan adversas era normal que la fiesta española no enraizara como sucedió, ya que todo lo hicieron por el avasallamiento. Existieron muchas corridas de toros y de todo ello dio fe el escritor Inca Garcilaso de la Vega en sus crónicas de la famosa obra “Los Comentarios Reales”. Las corridas de toros debieron ser mínimas en los primeros años, pero después con el desarrollo ganadero fueron incrementándose.
Las constantes guerras entre los conquistadores concluyeron en el año del 1556, con la llegada del tercer Virrey don Andrés Hurtado de Mendoza, de quien se dice que fue un hombre prudente pero enérgico a la vez, por lo que pronto consiguió pacificar el virreinato condenando a unos, enviando a otros a España, en algunos casos embarcó en la dudosa aventura a “El Dorado” a los más ambiciosos. Era “El Dorado” el nombre que se le daba por aquellos años a una región en la Amazonía del Virreinato, la misma que cautivaba a ambiciosos que anhelaban riquezas, o aquellos revoltosos e inquietos españoles que restaban unidad a la corona española. El virrey Hurtado de Mendoza consignó estos hechos y fue fundamental para el establecimiento definitivo de las fiestas con corridas de los toros. El citado virrey escribió lo siguiente: “Los derechos que el Alguacil Mayor de esta ciudad había de llevar por la ocupación y trabajo las tendrá cuando se corran toros ..... y suplicamos ahora a Su Excelencia que de los toros que en esta ciudad corriesen en las fiestas ........ que el primer toro que se corriera de cada una de las dichas fiestas, sea y se dé al Alguacil Mayor de esta ciudad, atento a que él y sus alguaciles se ocupen mucho en el hacer y deshacer y guardar las talanqueras ......”, este texto figura en el libro “Historia Taurina del Perú” de José Emilio Calmell, publicado a mediados del siglo pasado. El Convictorio de San Carlos y la Facultad de San Fernando, actualmente esta facultad pertenece a la prestigiosa Universidad Nacional Mayor de San Marcos, obligaba en aquella época a que sus alumnos que se doctoraban (ósea obtenían la graduación profesional), tenían que costear una corrida de toros como agradecimiento a la corona española por su educación. Así se expresaba en su constitución: “Y más ha de ser obligado el que se doctorase a dar toros que se corran aquel día del grado en la plaza pública de esta ciudad”.
En la Plaza mayor de Lima el 27 de julio de 1622 se dio una corrida de toros para agasajar al nuevo virrey don Diego Fernández de Córdoba, Marqués de Guadalcázar. Y en septiembre del mismo año volvieron a correrse toros: “Se hicieron fiestas reales de toros y cañas, y se convidó al Virrey, Audiencia y Universidad para que las viesen en las casas de Cabildo, cuyas galerías estuvieron ricamente colgadas y se dio colación a todos sus concurrentes y sus mujeres. Salieron a caballo muchos caballeros ricamente vestidos a lo cortesano, con rejones en mano y llevando pajes de librea... En las ventanas, balcones, terrados y tablados de la plaza había gran concurso de gente y se jugaron veinte toros; los caballeros hicieron algunos lances y mostraron su bizarría”. En la época del mandato del Virrey Marqués de Guadalcázar se celebraban las fiestas más suntuosas que acaso se celebraron en Lima hasta entonces. Fue el motivo el regocijo por el nacimiento del príncipe Baltasar Carlos. La organización corrió a cargo de los gremios de la ciudad (confiteros, pulperos, sastres, zapateros, orfebres, herreros y comerciantes), que procuraron excederse en el rumbo y el acierto, pues a cada uno se le asignó un día de los siete que duraron las corridas. Comenzaron los confiteros y siguieron los pulperos, los sastres, los zapateros, los plateros, los herreros y los mercaderes. Por cierto, que en ellas tomó parte, y muy brillante, el tratadista taurino don Juan de Valencia que a la sazón se encontraba en el Perú, dejó bien sentado la cátedra de tauromaquia que practicaba con destreza, lo mismo que escribía en sus preceptos y ordenanzas. Su mayor éxito lo obtuvo en la última corrida, es decir, la de los mercaderes, en la que se hartó de hacer buenas suertes con los toros.
Será el nombre de Juan de Valencia quien seguramente inicie la historia taurina del Perú, porque debemos considerarle como el primer torero famoso que viajó del Perú a España, pues en las fiestas taurinas de la Corte éste diestro acreditó su competencia, siendo de los más famosos rejoneadores entre los nacidos entonces. Juan de Valencia había nacido en Lima en 1605 y pertenecía a una ilustre familia zamorana que presumía de linaje real, como descendientes del famoso infante don Juan Manuel. Razón por la que le llamarón “Juan de Valencia el del infante”. Nació el año de 1605, mismo año en el que nació Felipe IV quien fue autor de las “Reglas para torear y para poderlo errar”, pues don Juan como tantos autores de reglas de torear, unía la preceptiva a la práctica del rejoneo, toreó en la ‘Puerta del Sol’ en Madrid el miércoles 2 de octubre de 1641 con motivo de la Traslación de la imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso. Escribió en su obra firmada en Madrid el 26 de octubre de 1639, habitar en la Villa y Corte a partir de los catorce años de edad.
Es imposible hablar de cuantas fiestas de toros se verificaron en la ciudad de Lima durante el virreinato. Sólo nos referiremos a las más importantes o a las que, desde el punto de vista taurómaco, hayan tenido alguna significación.
Durante los años 1659 y 1660 se realizaron diez “Corridas Reales”, que fueron corridas de toros por el nacimiento del príncipe Felipe, hijo del Rey Felipe IV. Como en España esas fiestas resultaban animadas y variadas, el virrey Conde de Alba de Liste, jugaba cañas; interviniendo caballeros rejoneadores; hubieron alcancías, fuegos, luminarias, pilas de vino, toros con artificio de fuego por la noche; lucha de moros y cristianos; lanzadas, volatín en una maroma; moharras, toro ensillado, máscara ridícula y figuras alusivas a diversos temas. En la última corrida con motivo del alumbramiento real, se echó un toro para los indios, montaron éstos en la plaza un castillo, al que rindieron tras un simulacro de lucha, y por último salieron dos indios a garrochar a los toros.
En años posteriores se verificaron corridas de toros: el 15 de
noviembre de 1667, con ocasión de la llegada del Virrey Conde de Lemos, al puerto del Callao, celebrándose una corrida en esta ciudad porteña el 24 de julio de 1668. Después otra en Lima por el nacimiento de un hijo de éste Virrey en la que se corrieron toros ensogados. El mismo virrey Conde de Lemos escribió la relación a las fiestas celebradas en la llamada Ciudad de los Reyes, que con ocasión de haber sido beatificada Rosa de Lima, ésta fue una de las siete corridas de toros que se dieron por aquellos años.
No todos los virreyes fueron amantes de las corridas. Tal fue el caso del Conde de Chinchón que en determinado momento trató de impedir la celebración de las corridas de toros, lo que dio lugar a que durante el virreinato del Marqués de Mancera, Su Majestad el Rey Felipe IV dictara una Real Cédula a favor de la celebración de las corridas de toros.
Por varios años las fiestas de toros se verificaron en la Plaza Mayor de Lima, cerrándose con talanqueras, tablados y barreras, en todo el contorno interior de dicha plaza, con lo que quedaban tapadas las ocho calles que de ella partían. Durante el gobierno del cuarto Virrey (1561-1564), don Diego López de Zúñiga, Conde de Nieva, se construyeron los arcos de esta plaza y se determinó que fueran anualmente cuatro las principales fiestas de toros, autorizando un gasto en colación de ciento cincuenta pesos para cada una de ellas. Habían de darse las corridas en: Pascua de Reyes, San Juan, Apóstol Santiago y Nuestra Señora de la Ascensión. Además, solían celebrarse corridas a la llegada de nuevo virrey, juramentación u conmemoración de monarcas, canonizaciones y con otros pretextos. Para las corridas de menos importancia o menos suntuosas, se habilitaban plazas o plazuelas que no eran la Mayor (o llamada la de Armas), entre las que figuraban: plazoleta de Santa Ana, plaza de la Inquisición, plazoleta del Cercado, plazuela de Cocharcas, plazoleta de Santo Domingo, etc.
Las fiestas de toros no entusiasmaban solamente en el Perú a los españoles, si no que al parecer, también los esclavos negros e indios dominados, gustaban de esta corridas, inicialmente como pasivos espectadores, y luego también como activos toreadores. En un concilio provincial, los prelados pidieron “que no se corran toros entre indios, ni por semejante ocasión les hagan poner las talanqueras sin pagarles, y haciéndoles perder la misa en día de fiesta ...”, según se describe en uno de los libros del cabildo de esa época que se guarda celosamente en la biblioteca de la Municipalidad de Lima.
En todo el siglo XVII son numerosísimas las fiestas de toros, pues la pasión no había disminuido, abundando mucho más los datos históricos. Fue en 1602 los dominicos organizan en la plazoleta de Santo Domingo una suntuosa corrida como término de los festejos con motivo de la canonización de San Raimundo de Peñafort. En ella tomaron parte muchos caballeros de la aristocracia limeña. El 8 de enero de 1670 hubo corrida de toros y cañas en Lima. El 27 del mismo mes cuatro caballeros clavaron rejones: don Luis de Sandoval dio un rejonazo, sacando malherido el caballo; don Manuel de Andrade puso dos rejones, despedazando al toro; don Diego Manrique atravesó el cuello del toro con un rejón, y don Cristóbal de Llanos mató tres astados, por lo que fue vitoreados.
El 13 de febrero de 1672 se corren toros ensogados; el 11 y 13 de agosto de 1674 se celebraron corridas en el puerto del Callao a la llegada del Virrey don Baltasar de la Cueva; el 6 de noviembre del mismo año, en celebración del cumpleaños de Carlos II, se organiza una corrida de toros en la Plaza Mayor de Lima. En 1682 el Virrey Duque de la Palata prohíbe “llevar toros a las cercas y plazuelas de los conventos de religiosas para correrlos”. El día 8 de diciembre de 1963 don Melchor Portocarrero, Conde de la Monclova y vigésimo tercer virrey del Perú, organiza una gran corrida en la Plaza Mayor de Lima para celebrar la reedificación del Cabildo, del Palacio y de los Portales de dicha Plaza Mayor, destruidos por el terremoto de 1687.
Ya con la llega del nuevo siglo la fiesta de toros en el Perú comenzó a tener un aspecto más formal, evolucionando hacia el predominio del torero de a pie, pues actuaron con mayor regularidad toreros profesionales, se dio comienzo a la edición de listines de los toros que saldrán en cada corrida, y los capeadores de a caballo, un modo de torear peculiar de éste lado del Reino de España, trabajaron en casi todas las funciones, sin olvidar a los rejoneadores profesionales que también figuran.
En octubre de 1701 se verificaron en Lima fastuosas fiestas de toros para celebrar la proclamación de Felipe V, en la primera de ellas aparece el primer listín o lista de los toros, antecedente del cartel, en el que se consignan los nombres de los astados, las pintas de éstos y las ganaderías de las cuales procedían, como ejemplo: “El Gallardete, overo, de Huando; El Invencible, retinto, de Bujama; y otros...”. Por el nacimiento del Príncipe de Asturias Luis Felipe, después Luis I, hubo en Lima Fiestas Reales con corridas de toros. Con motivo de sus bodas también se celebraron varias corridas: “la primera el 12 de abril, la segunda el 13, la tercera el 17 de abril, la cuarta el 19 de abril, la quinta el 21 de abril, de igual mes del año de gracia de 1723”. Y aún cuando en la relación titulada “Júbilos de Lima”, de Peralta y Barnuevo, las crónicas de ese entonces no aclaran demasiado, pareciera ser que hubieron más corridas de toros de esas cinco a las que se ha aludido. Y al año siguiente, también se corrieron toros por haber jurado don Luis como heredero de la Corona de España. Por aquellos años se festejaron con corridas dos canonizaciones: la de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo el 10 de diciembre de 1726 y la de San Francisco Solano el 27 de diciembre de 1726.
El 29 de julio de 1737 se jugaron veintidós toros en el pueblo de Surco (actualmente distrito de Lima Metropolitana). Al concluir el primer tercio del siglo XVIII eran abundantes los toreros que ejercían en el Perú esta profesión, actuando principalmente en corridas ordinarias y hasta en los pueblos más pequeños, aún cuando en las listas de toros, donde ya figuraban por esa época las divisas de las ganaderías, no aparecen, sin embargo los nombres de aquellos lidiadores empiezan a parecer en los listines taurinos. En el año de 1756 se levantó en Lima la primera plaza de toros, pero su construcción fue de madera, los productos de las corridas en ella verificadas estaban destinados a la reconstrucción del Hospital de San Lázaro destruido por el terremoto de 1746, plaza que había de ser también la primera en América hecha ex profesamente.
En la Plaza Mayor de Lima, y en 1760, se celebra una real fiesta de toros para festejar la elevación al trono de Carlos III. Dos años después en igual escenario, se organizan cuatro corridas como agasajo al nuevo Virrey don Manuel de Amat y Juniet quien fuera amante de la famosa Micaela Villegas “Miquita” ó más conocida como “La Perricholi”, de quien del virrey se enamoró perdidamente.
Durante el mandato de este virrey se construyó la plaza firme de Lima, estrenada aún sin concluir el 30 de enero de 1766. No por ello dejaron de jugarse toros en la Plaza Mayor, especialmente cuando se trataba de fiestas reales, y en diversas plazuelas, hasta en el teatro. Los limeños se sentaban en la plaza a las diez de la mañana para presenciar el encierro y no se levantaban hasta verlos lidiados, por la tarde, los veinte toros de que solía constar las corridas de aquella época, como en Sevilla, Valencia, Madrid o en cualquier ciudad española. En la temporada de 1780 ya figuraban en la Plaza de Toros de Lima o “Plaza de Acho” los nombres de los lidiadores siguientes:
Matadores: Manuel Romero, El Jerezano, y Antonio López, de Medina Sidonia.
Picadores y Rejoneadores: José Padilla, Faustino Estacio, José Ramón y Prudencio Rosales.
Capeadores de a caballo: José Lagos, Toribio Mújica, Alejo Pacheco y Bernardino Landaburu.
Tres suertes al menos eran privativas del toreo peruano del siglo XVIII, éstas eran: la suerte del puñal, la monta de toros al pelo y/o ensillados; y el capeo desde el caballo.
Por la exaltación al trono de Carlos IV se celebraron corridas de toros en la Plaza Mayor de Lima, como capital del Virreinato del Perú, y durante el año de 1790, varias corridas reales. En ellas intervinieron rejoneadores profesionales, capeadores, doce toreros de a pie (cuyos nombres no se consignan en el listín), dos desjarretadores. Las últimas corridas del siglo XVIII fueron: cinco fiestas reales en 1791 para agasajar al Virrey Fray Francisco Gil de Taboada, en la Plaza Mayor de Lima, con rejoneadores, capeadores y doce toreadores divididos en dos cuadrillas: una de las cuadrillas fue la de Miguel Utrilla y la otra la del peruano José Pizi. Las temporadas de 1792 a 1795 se desarrollaron normalmente en la Plaza de Acho. Al siguiente año de 1796 hubo cinco corridas reales en la Plaza Mayor de Lima para recibir al nuevo Virrey Marqués de Osorno, en las que intervinieron capeadores de a caballo, rejoneadores y matadores, banderilleros y picadores europeos, y doce toreadores del país, cuyos nombres no figuran en el cartel.
Tres corridas extraordinarias más fueron las que presenciaron los limeños en su Plaza Mayor (o también llamada Plaza de Armas) el año de 1797, organizadas para reunir recursos con que terminar las torres de la catedral. Ese mismo año la temporada continuó normalmente en la Plaza de Acho, donde desde algunos años atrás se acostumbraba echar un toro para ser lidiado por aficionados bisoños, algunos de los cuales se harían toreros profesionales.
El siglo XIX comenzó en la Plaza de Acho con la consabida temporada de diciembre a enero (1800 - 1801). Figuraron como toreros cuatro capeadores de a caballo, dos rejoneadores, dos banderilleros europeos, tres matadores con espada, cinco matadores con puñal y banderilleros, dos capeadores de a pie y dos desjarretadores, innominados. Siguen figurando en los programas la lanzada, parlampanes (individuos mojigangeros), perros; además el nombre, procedencia, pinta y divisa de los toros, más un astado para muchachos noveles. Las sucesivas temporadas en la Plaza de Acho se desarrollaron normalmente a lo largo de diciembre de 1806 y organizadas por el ayuntamiento limeño, efectuándose cinco corridas de toros en la Plaza Mayor de Lima para festejar el recibimiento del Virrey don José Fernando de Abascal. Cuatro corridas más, todas ellas extraordinarias, se verificaron en enero de 1807, y dos corridas extraordinarias también, los días 3 y 9 de febrero siendo estas las últimas que se efectuarían en la Plaza Mayor de Lima. En adelante se celebraron únicamente en la plaza firme de Lima (Plaza de Acho), por cierto con muy buenos rendimientos para sufragar a las necesidades económicas que las luchas por la emancipación exigían.
Proclamada la Independencia del Perú el 28 de julio de 1821 continuaron las corridas, aunque con toreros del país y algunos toreros mexicanos, haciéndose una sola excepción con el diestro gaditano Vicente Tirado, que durante el virreinato ya contaba con muchas simpatías, y que siguió actuando hasta 1836 en que fallece. Con la Independencia del Perú no quedó torero español alguno en el país, excepto Vicente Tirado. Como consecuencia de tal acontecimiento, las suertes de pica y banderillas desaparecieron temporalmente, quedando para quebrantar a los toros el capeo a caballo, tradicional modo del toreo nacional, ejecutándose la llamada “Suerte Nacional”.
El 7 de enero de 1849 se presentó en Lima la primera cuadrilla de toreros españoles. Con esta cuadrilla resucitó en el Perú las suertes de pica y banderillas. Y a partir de ese año ya se hace más frecuente la visita de toreros hispanos. El primer matador de cierto relieve que pisa el albero de la Plaza de Toros de Acho es Gaspar Díaz “Lavi”, diestro español. Se presentó el 16 de noviembre de 1851. Y en 1856 se estrenó en Lima José Lara “Chicorro” quien actúo hasta el año de 1885. Como matador efectúo su presentación en Lima en 1859, el nacional Ángel Valdez “El Maestro”. Este valeroso diestro ejercía la profesión con el aplauso y la admiración de todos hasta el 19 de septiembre de 1909.
En 1869 se presentaron en Lima los diestros españoles Vicente García “Villaverde” y Francisco Sánchez “Frascuelo”; en 1870, Manuel Hermosilla y Francisco Díaz “Paco de Oro”. Ese mismo año se hizo empresario de la Plaza de Acho el acaudalado limeño don Manuel Miranda. Llevando a cabo en ella una profunda reforma. Mientras las obras se efectuaban, viajó a España para contratar toreros y adquirir toros. En efecto compró seis toros y doce vacas de Veragua, seis astados de Miura, seis de Colmenar, doce de Mazpule y seis de Navarra. Como tenía el propósito de fundar una ganadería brava, adquiere la finca de Cieneguilla, en el valle de Pachacámac. Traslada a ella un semental y más de cien vacas compradas a la acreditada ganadería del país “Rinconada de Mala” y otras hembras de diferentes ganaderos peruanos. Este ganado desapareció años después en la guerra sostenida entre Perú y Chile.
En el transcurso del siglo XIX las corridas sufrían una seria transformación hasta ejecutarse totalmente como en España, pues desaparecen los “capeadores de a caballo”, imponiéndose los picadores. Decir que casi todos los toreros españoles han toreado en Lima parece una exageración; sin embargo, no lo es. Desde 1871 han toreado en la Plaza de Acho entre otros famoso: Julián Casas “El Salamanquino”, Gonzalo Mora, Cúchares de Córdoba, Gerardo Caballero, Ángel Fernández “Valdemoro”, José Ponce, Ángel Pastor, Cacheta, Rebujina, José Machío, Cayetano Leal “Pepe-Hillo”; en 1891 torearon “Cuatro Dedos”, que gusta muchísimo por la maestría con que ejecuta las suertes. Al año siguiente regresó “Cuatro Dedos” al Perú llevando consigo cuatro sementales de Miura, dos de los cuales consiguió vender a los ganaderos don Vasco Fernández y a don Federico Calmet. Hasta la conclusión del siglo pisan todavía el ruedo de la Plaza de Acho algunos banderilleros y espadas españoles. Entre estos últimos: Manuel Nieto “Gorete”, José Villegas “Potoco”, José Pascual “Valenciano”, Juan Antonio Cervera, Francisco González “Faíco” y Antonio Escobar “El Boto”.
Acho antiguo, Lima colonial
En 1901 se presentaron en Lima los diestros Francisco Bonal “Bonarillo” y “Capita”, ese mismo año llega nuevamente de España el picador “Faíco” con cuatro sementales españoles, que adquieren ganaderos peruanos. El 22 de febrero de 1902 torea Ángel Valdez “El Maestro” su penúltima corrida, pues por enfermedad no vuelve a lidiar hasta 1909, en que se retira. En la cuadrilla de Manuel Molina “Algabeño Chico” hizo su presentación en Lima un 13 de abril de 1902 el famoso piquero madrileño Manuel Martínez “Agujetas”, a quien se debe definitivamente la implantación en el Perú de la suerte de varas. Más presentaciones como las de Antonio Olmedo “Valentín” y Ángel García “Padilla”. En el año de 1903 se presentó Juan Sal “Saleri”, en 1904 “Guerrerito”, en 1905 Vicente Pastor, en 1906 “Lagartijillo”, José Machío Trigo, “Lagartijillo Chico”, en 1907 “Cocherito de Bilbao”, y en 1909 “Platerito”. Es necesario destacar que el domingo 19 de septiembre de 1909 se despidió en Lima, el matador peruano Ángel Valdez “El Maestro” matando de una magnífica estocada un toro de seis años que no había sido picado. Contaba a la sazón setenta años de edad, no andaba muy bien de salud y cumplía cincuenta años como lidiador. Falleció el 24 de diciembre de 1911.
Los diestros que por sus actuaciones destacaron en los años siguientes fueron: Agustín García “Malla”, Rodolfo Gaona, José Ignacio Sánchez, José Gárate “Limeño”, José Gómez Ortega “Gallito” o “Joselito” y Juan Belmonte. En 1918 se jugaron por primera vez toros del cruce español de Veragua con vacas de “El Olivar”, de propiedad de don Manuel Celso Vásquez. En la temporada de 1919 –1920 toreó el diestro José Gómez Ortega “Joselito” ó “Gallito” en varias tardes. También actúo en Acho “Chicuelo” en la temporada de 1921 – 1922. Sin embargo fue Rafael Gómez “El Gallo” quien obtuvo grandeséxitos de clamor. Marcial Lalanda (1927 – 1928) demostró cuanto valía; Antonio Cañero quedó muy bien a caballo y a pie (1929 – 1930); el venezolano Julio Mendoza toreó entre grandes aplausos en el año de 1934, el rondeño El Niño de la Palma también gustó allá por la temporada de 1934 – 1935.
En el año de 1944 un grupo de aficionados limeños entre los que destacan Fernando Graña Elizalde, Alejandro Graña Garland, José Antonio Roca Rey deciden tomar en arriendo la Plaza de Acho a través de la Sociedad Explotadora de Acho por 20 años, con la condición puntual de remodelar la Plaza de Toros de Lima (Plaza de Acho) aumentando su capacidad de seis mil setecientos a trece mil trescientos. Se hicieron excavaciones para ahondar el ruedo y elevar la plaza con la finalidad de dotarla de mayor capacidad. Fue en el año de 1946 que gracias a la campaña periodística del crítico taurino del diario “El Comercio” de nombre Fausto Gastañeta “Que se vaya” y también la gestión continuada de su sucesor, el también crítico taurino Manuel Solari Swayne “Zeñó Manué”, se crea la importante Feria del Señor de los Milagros, que hasta la fecha existe, y que desde entonces han pasado por Lima, las principales figuras de la coletería mundial, así como también las más prestigiosas ganaderías del planeta taurino. Dando por descontado el éxito de los torero peruanos y del ganado nacional.
En su primer toro Andres Roca Rey impuso su dominio al segundo, un toro que embistió recto al que el diestro expuso para realizar el toreo bueno que llegó a la muleta con tremendo peligro. En uno de esos cites, al ligar el pase del pecho por el pitón izquierdo en una serie de derechazos, el toro le prendió por la corva derecha, ensañándose con él en el suelo No se amilanó el diestro que sacó su garra para imponerse al de Bañuelos. Un delirio en el público que vibró con el valor seco de Roca Rey en los terrenos de cercanías, para torear con trazo largo y mano baja, muy entregado, terminó sometiéndol. Un toro muy duro, costoso para estar delante.
‘‘Roca Rey, Roca Rey, Roca Rey’’ entonaban el público desde los tendidos. El espadazo puso la rúbrica a una faena de dos orejas, la segunda que fue negada por el presidente. Andres pasó por la enfermería despues de dar la buelta al ruedo, oreja.
Pasa a enfermería y se corre turno para decidir si sale en su segundo. Contusión en la rodilla preocupa. Roca Rey sale a matar el sexto.
Sin opciones en el capote Andres salio con la muleta a recibir por estatuarios al toro de Bañuelos y fue cogido de lleno desplazándolo 5 metros y estampándolo frente a las tablas, en ese momento Cayetano acudió al rescate y fue cogido contra las tablas a escasos metros de donde se encontraba Roca Rey malherido. Ambos se pusieron en pie y tras unos instantes fueron a sus posiciones aparentemente sin cornada , aunque a Andres se le aprecia la taleguilla rota a la altura del muslo y un corte en la cara. Andres se puso en los medios dispuesto a que lo Dios disponiera. Se dio un arrimón, puso el cuerpo donde otros ponen la muleta, bordó el toreo a punto de valor y además mostró un dominio increíble en las distancias cortas. Es sin duda alguna el torero que ostenta el cetro del toreo. Pinchazo y estocada dos orejas a una faena que de ser culminada con la primera hubiera sido de rabo.
Ficha del festejo;
Plaza de Toros de Santander.
Feria de Santiago.
Martes, 25 de julio de 2023. Toros de Antonio Bañuelos.
Entrada: Lleno.
Cayetano; silencio y
Andrés Roca Rey; Oreja con petición de la segunda y dos orejas.
Pablo Aguado; ovacion y pitos tras aviso.
Cojida en el primer toro Andres mas preocupado por Cayetano que por si mismo.
Andres Roca Rey cuaja on faenón cargado de emoción que pone a toda la plaza de Madrid en pie más de una vez.
Tercer toro-Andres con un toro que no tiene humillación y embroque. Todo a media altura, tragando mucho con suma firmeza y confiando en un toque brusco. Faena no reconocida por el público en los primeros compases hasta una tanda cumbre por el lado diestro, bajando la mano, llevando siempre muy toreada la embestida. Tremendo, aguantando unos parones. Todo tiene mucha importancia. Llevando la faena en los terrenos de cercanías, dejándose llegar el pitón a rosar la taleguilla, cambiándose los viajes por la espalda en un terrenos del toro. Un auténtico lío. El público se pone en pie. Suena un aviso. Estocada en la suerte natural. Requiere el uso del descabello. El público de Madrid pide la oreja. Oreja de mucho peso.
Sexto toro- Andres emoieza la faena de muleta por estatuarios con el toro cada vez quedándose más corto. Vibrante. Como remate de desplante. Tras varios series, se queda en el centro del ruedo para ligar una tanda en el sitio, apretando ya al toro. Se cambia la muleta a la mano izquierda en una serie de naturales de la que sale prendido del pase de pecho.
Con mucha violencia le dibuja el toro de Victoriano del Río un pitonazo en el pecho. Vuelve a la cara del toro con gritos de ¡Torero, torero, torero, torero! Una serie más sobre la diestra de mano baja, con el toro pegando gañafones. Se encara Andres al público y se desata la pasión entre los partidarios y los detractores. Mete y saca. Aviso. Media estocada en la suerte contraria. El público en su plena mayoria pide la oreja, y el presidente niega la oreja, bronca con el presidente.
Ficha del Festejo;
Plaza de Toros de Las Ventas.
Corrida de Toros In Memoriam de José Cubero "Yiyo".
Toros de Victoriano del Río y Toros de Cortés
Colgaron el cartel de "No hay billetes".
El Juli, ovación y ovación.
Talavante, silencio y silencio.
Andres Roca Rey, oreja y vuelta al ruedo tras fuerte petición con bronca al palco.
COMUNICADO A LA AFICIÓN TAURINA, GESTORES, PROMOTORES Y COMISIONADOS DE ASUNTOS TAURINOS.
El matador de toros español Antonio Rodríguez "Almendralejo" anuncia su temporada de despedida del toreo activo el presente año 2022, para lo que he llegado a un acuerdo de apoderamiento con mi amigo Carlos Castillo Alejos para que dirija mi campaña en el Perú, que será la que ponga fin a mi dilatada carrera con triunfos en España y Perú.
El acuerdo para esta ocasión especial se ha establecido entre las partes en la ciudad de Lima (Perú), con el clásico apretón de manos y por la presente temporada 2022.
Los interesados en contar con mis servicios como profesional del
toreo pueden contactarse con mi representante al teléfono móvil siguiente:
Corrida goyesca con atuendos decimonónicos, color, sabor y aroma toreros, en una tarde donde sólo faltó el fulgor del astro rey para coronar una jornada inolvidable por la categoría de los alternantes, y las imágenes únicas e irrepetibles obsequiadas por estos grandes exponentes de la tauromaquia contemporánea.
Finito, el rey del duende, y Andrés, el rey del toreo, confluyeron en La Esperanza, ante una legión de seguidores que abarrotaron el pintoresco recinto en las afueras de Lima. Tres mil almas que salieron toreando con la ilusión de volver.
A primeras, el gran Fino no encontró toro. El de Vellosino se le quedaba corto y su segundo, de Santa Rosa, tampoco tuvo fuelle ni clase, pero Juan Serrano sin apretarse, claro está, se las arregló para encandilar a los pagantes.
Y por arte de birlibirloque, se los metió en la canasta. Aquellos silencios nos hicieron recordar a los de Acho. Y los olés, brotaron cuando Finito se rompió, entregado a esa forma tan única y personal de expresar y sentir el toreo.
El cenit llegó con "Republicano", del Olivar. Noble y enclasado ejemplar que permitió al de Córdoba hacer el toreo de pellizco, brotando el duende en su toreo a la verónica y en los quites que arrancaron sonoros y profundos olés.
Tras ello, las series con la derecha rematadas con trincherillas mágicas, y los muletazos a ralentí arrematados por abajo, fueron de clamor. Era Finito redivivo...!
En la otra orilla, Roca Rey hizo estallar la plaza con su toreo de entrega y pundonor sin límites. Siempre variadísimo, no da tregua a los toros, y cuando intentan rajarse, pone la carne en el asador a ver si se le resisten.
Su primero casi lo caza al torearlo de rodillas en los medios. Y
cuando buscó el abrigo, expuso los muslos y sentó superioridad. El cuarto tampoco quería, pero lo obligó extrayéndole la poca raza que traía, en muletazos de mano baja y en su máxima extensión, abrochando con luquesinas que resultaron vistosas por aseadas.
El sexto tampoco trasmitía. Todo lo hizo él con entrega y honestidad al límite, arrimándose y robando muletazos al de Vellosino, dócil y desrazado, apuntalado por la casta y raza del torero limeño.
Con los tres, Roca Rey estuvo hecho un cañón con la espada, cayendo en total cuatro orejas que paseó entre el clamor de la gente y le franquearon la puerta grande del pequeño nuevo coloso limeño.
Los Ratas destacaron en la brega, y en banderillas El Cebolla y Dennis Castillo, que se desmonteraron en el cuarto y sexto respectivamente. Los de a caballo castigaron medido, por la casta, muy justita, de la corrida en conjunto.
Ficha. Sábado día 20 de noviembre de 2021. Tercera corrida de abono de la Feria de La Esperanza. Tarde nublada, plaza rayando en lleno. Reses españolas de El Vellosino, primero y sexto; El Olivar, segundo y quinto; y Santa Rosa de Lima, tercero y cuarto, en general terciadas y de variado juego. El quinto del Olivar, premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. Resultado Artístico: FINITO DE CÓRDOBA, pinchazo, estocada delanterilla y desprendida, saludos. Pinchazo, estocada delantera y caída, ocho descabellos, palmas. Tres cuartos de estocada contraria, cuatro descabellos, vuelta al ruedo. ROCA REY, estocada delanterilla, dos orejas. Estocada delanterilla, oreja. Estocada delantera, oreja.
Los protagonistas del entusiasmo del publico en Castellón en una tarde triunfal del mano a mano entre Andres Roca Rey y José María Manzanares.
El diestro de Alicante cuajó una gran faena al quinto, de Jandilla, que fue premiado con la vuelta al ruedo. Elegancia, temple y hondura fueron las bases de una tarde en la que salió a relucir la mejor versión de Manzanares.
Por parte de Andres, la contundencia de su toreo le hicieron cortar tres orejas, el dominio, ajuste y la mano baja caracterizaron sus trasteos en una corrida desigual.
El segundo, de Luis Algarra, fue otro gran toro, que cuajó de principio a final Roca Rey, que lo toreó con cadencia la verónica. La media, superior, como el quite por chicuelinas posterior. Entrega y valentía descomunal del peruano, que toreó reunido y sometiendo por abajo de inicio a final del muletazo a un toro de buen pitón derecho. Por él, vertebró la faena, que tuvo dos tandas mayúsculas. El epílogo, por bernadinas, cambiando el pitón por dos veces. La estocada, de premios, puso en su mano las dos orejas y ovación para el toro.
De forma espectacular y ceñida recibió Roca Rey con el capote al cuarto, un astado de Garcigrande que resultó noble, pero al que le faltó más clase y, sobre todo, transmisión. Con todos esos mimbres, Roca Rey construyó una faena cuya complejidad residía en la limpieza de los muletazos, por la condición desclasada del astado. Dejó una estocada, que propició la concesión de una oreja.
Con pases cambiados en el centro del ruedo comenzó Roca Rey la faena al sexto, un noble astado de Vegahermosa con el que peruano expuso mucho. Dispuesto y con seguridad, Roca Rey plasmó una pulcra faena que conectó con los tendidos, en una faena en la que la mayoría lo puso él. Sin embargo, los pinchazos previos a la estocada desprendida al tercer intento le imposibilitaron pasear algún trofeo.
Ficha del festejo;
Plaza de toros de Castellón.
Quinta corrida de feria.
‘No hay billetes’
Toros de Garcigrande, Luis Algarra y Vegahermosa
JOSÉ MARÍA MANZANARES, dos orejas, ovación y dos orejas.