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domingo, 24 de mayo de 2026

La última y única vez que se indultó un toro en la Plaza de Toros de Las Ventas

 


La última y única vez que se indultó un toro en la Plaza de Toros de Las Ventas de Madrid fue un hecho histórico que marcó un antes y un después en la tauromaquia. Este acontecimiento ocurrió el 19 de julio de 1982, cuando el toro Belador –aunque en realidad su nombre era Velador, inscrito con "b" por un error del mayoral–, un ejemplar cárdeno herrado con el número 121 y de 520 kilos de peso, recibió el indulto tras una actuación memorable.



Belador pertenecía a la ganadería de Victorino Martín, un renombrado ganadero conocido por criar toros con gran bravura y carácter. Ese día, Ortega Cano, el torero encargado de lidiar a este magnífico ejemplar, demostró su destreza y coraje enfrentándose con valentía a un toro que no perdió en ningún momento la firmeza ni la fuerza, a pesar de recibir tres puyazos. La muleta fue testigo de la bravura excepcional de Belador, quien mantuvo una enjundia que conmovió a todos los presentes en la plaza.


La faena fue tan brillante que el público, emocionado y consciente de la excepcionalidad del toro, clamó unánimemente por su indulto. El presidente de la corrida no tuvo más remedio que acceder a la petición popular, concediendo la gracia que liberó a Belador de la muerte, hecho poco habitual en cualquier coso taurino, y aún menos en una plaza tan emblemática como Las Ventas.

El impacto de este indulto trascendió las fronteras de la plaza, generando un amplio debate en la sociedad española sobre los valores de la tauromaquia. Se discutió la importancia de mantener viva una tradición centenaria, pero siempre adaptándola a los tiempos modernos, promoviendo el respeto hacia el animal sin sacrificar el espectáculo ni la esencia cultural de esta práctica.



Tras ser curado en una finca madrileña, Belador regresó al campo, donde pasó a cumplir el papel que le correspondía como semental de la ganadería. Vivió hasta los 13 años, falleciendo de forma natural, y dejó una estirpe que continuó mostrando la bravura característica de Victorino Martín. Uno de sus descendientes más destacados fue Cumbrerillo, a quien Niño de la Capea cortó las dos orejas en la Corrida de la Prensa de 1988. Otro ejemplar notable fue Garboso, el segundo toro indultado de aquella ganadería, que Ortega Cano toreó magistralmente en Olivenza en 1994.


Este episodio único en la historia de Las Ventas no solo exaltó a Ortega Cano y a Victorino Martín, sino que también se convirtió en un símbolo de la tauromaquia con conciencia, recordando que la pasión por el toro bravo puede convivir con el respeto y la preservación de la vida animal. Belador, el toro indultado, permanece así en la memoria colectiva como un emblema de valor, fuerza y esperanza para el mundo taurino.

Si ha sido de su agrado, déjame un comentario y compártelo.

Gracias, Toroperu com.





viernes, 5 de septiembre de 2025

Andrés Roca Rey ¨La tauromaquia es una expresión cultural que trasciende fronteras¨

 



4 de septiembre de 2025

Andrés Roca Rey ha hecho público en su web oficial un manifiesto en el que reivindica la universalidad de la tauromaquia y la dignidad del Perú como una de las tierras más fértiles para el toreo en la actualidad. El torero limeño responde así, con firmeza y altura, a los discursos que pretenden reducir la importancia de su país y de sus plazas con etiquetas despectivas.



«La tauromaquia es una expresión cultural que trasciende fronteras.

No pertenece a un país ni a un continente: pertenece a todos los pueblos donde el toro bravo y el hombre se encuentran en un mismo rito.

Perú, con sus plazas históricas y su arraigo popular, forma parte esencial de esa geografía cultural. Desde Chota hasta Lima, desde Cajamarca hasta Tacabamba, las corridas no son folclore menor ni evasión exótica: son manifestaciones vivas de identidad, tradición y comunidad.




Despreciar esas plazas, sus toreros y su público, es despreciar la universalidad misma de la tauromaquia.

Los toreros españoles, americanos o de cualquier lugar que cruzan el océano no viajan por ocio: viajan para honrar su profesión y encontrarse con una afición que exige respeto y entrega.



La tauromaquia no tiene categorías nacionales ni jerarquías geográficas.

Cada tierra que la vive y la celebra contribuye a su grandeza.



El Perú es hoy uno de los últimos reductos fértiles de la tauromaquia mundial: mientras en otros países se cierran plazas, aquí se


construyen; mientras en otros lugares se reducen los festejos, aquí cada año crecen. Ese es el verdadero reflejo de una afición viva, que merece respeto».