Álvaro Serrano impactó y cautivó la Plaza de toros de Las Ventas.
El 12 de mayo de 2026, Álvaro Serrano llegaba a San Isidro con una mezcla de nervios y determinación. Apenas once días antes se había presentado en Madrid, obteniendo una calificación que reflejaba su talento, aunque el examen al que se enfrentaba, como su vida, no admitía medias tintas ni segundas oportunidades.
De las lágrimas derramadas por un acero romo el Primero de Mayo, lágrimas que solo los hombres saben soltar, a llorar esta vez por la gloria en la Puerta Grande, habían pasado apenas quince días, tiempo suficiente para cambiar el rumbo de su destino y consolidarse como figura entre los novilleros.
Durante su actuación, Álvaro demostró un toreo de mano baja y de trazo largo, que cautivó al público desde sus primeros pases. ‘Molinero’, un novillo de la ganadería Montealto, fue el encargado de poner el colofón a una novillada excepcionalmente presentada y llena de bravura. La faena, cargada de emoción, hizo vibrar a los asistentes, quienes reconocieron en cada momento la entrega y el arte que desplegaba el joven torero.
Finalmente, tras salir por la Puerta Grande, la afición madrileña mostró su respeto y admiración no solo a Álvaro Serrano, sino también al mayoral de Montealto, quien recibía con orgullo el saludo del público tras
presentar un encierro bravo y perfectamente presentado. Aquella jornada quedó marcada como un hito en la carrera de un novillero destinado a brillar en la plaza más emblemática de España.
Ficha del festejo;
Plaza de toros de Las Ventas, Madrid Novillada con picadores.
Feria de San Isidro 2026.
Tres cuartos de plaza.
Novillos de Montealto.
TOMÁS BASTOS, de tórtola y oro: silencio tras aviso y silencio.
MARTÍN MORILLA -de verde hoja y oro: presentación-, silencio y silencio.
ÁLVARO SERRANO, de azul marino y oro: dos orejas y oreja.
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