jueves, 17 de septiembre de 2015

Cargar la suerte: "toreo de verdad"





Cargar la suerte:  "toreo de verdad"


Es obligar al toro a desplazarse por una trayectoria al que él no está dispuesto, es un componente ético, técnico y estético de la lidia de toros bravos.
El  cargar la suerte como el acto mediante el cual el torero adelanta la pierna de salida (pierna donde el toro sale: si es toreo con la derecha, será la pierna derecha; si es toreo con la izquierda o naturales, será la pierna izquierda; si es algún pase cambiado, como trincherilla, trincherazo o cambio de manos, resulta la pierna contraria), y que varía según el crítico: para algunos, la suerte se carga al citar al toro, para otro, antes del embroque (antes que llegue el toro). Adelantar la pierna de salida, sería sin duda una formulación aproximativa de cargar la suerte.
Cargar la suerte, es quebrar al toro en su embestida.En ese juego de gravitación del cuerpo, sobre una pierna, que consigue de alargar el pase, eso le dará hondura y quedara colocado el toro, en el lugar conveniente, para solo con un giro de pies, realizar un nuevo cite sin rectificación de terrenos.
"Cargar la suerte, es indicarle al toro el camino y obligarle a seguirlo. ¿Se puede torear sin cargar la suerte?Aparentemente si, en puridad no.Torear es mandar en el toreo. Y para mandar el torero tiene que cargar la suerte.

martes, 8 de septiembre de 2015

Pasión, entrega y valor "Viva el Peru carajo"




Si existía alguna duda de quién manda en el escalafón de novilleros, Andrés Roca Rey, antes de abandonar el trono del escalafón de plata, ha dejado claro que además de Roca, es Rey.

lunes, 10 de agosto de 2015

Castella "Los retos son para superarlos"




Sr. Director:

Mi nombre es Sebastián Castella y soy matador de toros. Sé que en los tiempos que corren no es la mejor carta de presentación, pero precisamente por eso me dirijo a usted, cansado de que los toreros nos hayamos convertido en moneda de cambio política y nuestra imagen sea vilipendiada día tras día en el panorama informativo.

Soy francés, afincado en España desde hace casi veinte años. Siempre he admirado a los españoles como pueblo que, históricamente, ha defendido y luchado por su libertad. Y ahora, sinceramente, no lo reconozco.

Cada día presencio con estupor cómo se vulneran derechos fundamentales que, como ciudadano europeo, me corresponden: el derecho a la libertad y la seguridad que reconoce el artículo 6 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea; el derecho a la libertad de pensamiento recogido en el artículo 10 del mismo documento; el derecho a la libertad de expresión y libertad de las artes amparados por los artículos 11 y 13 de dicha carta; o la prohibición de cualquier tipo de discriminación reconocida por el artículo 21 de ese mismo documento.

Si de las leyes españolas hablamos, como ciudadano francés residente en España me irrita ver cómo se vulneran diariamente, cuando al toreo se refiere, los artículos 14 (“Los españoles son iguales ante la ley”), 18 (“Se garantiza el derecho al honor”), 20 (“Se reconocen y protegen los derechos […] a la producción y creación artística”) ó 35 (“Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo”).

Porque, en efecto, aquellos que estamos en el mundo del toro, como profesionales o como aficionados, somos ciudadanos de segunda, a quienes se nos cercena nuestra libertad de expresión y creación artística en nombre de una presunta corriente animalista que no encierra más que una persecución política e ideológica. Se vulnera nuestro derecho al honor acusándonos día tras día de “asesinos” y se nos priva de nuestro derecho al trabajo cerrando plazas por capricho de quienes, enarbolando la supuesta bandera de la progresía, se creen en el derecho de arrebatarle la libertad a un pueblo que necesita gobernantes que gobiernen por y para todos, incluidos los que les gustan los toros, que somos unos cuantos millones por toda España.

El problema, Sr. Director, es que está mal visto decirlo. Pero o se acaba el tiempo de la vergüenza o se acabará el nuestro. Y primero cercenarán nuestra libertad, y después seguirán muchas otras. Por eso desde estas líneas quiero hacer un llamamiento no solo a los aficionados a los toros o a los que alguna vez han pisado una plaza, sino a todos aquellos que quieren un país libre, libre de verdad: vamos a juntarnos, a darnos la mano; vamos a alzar la voz y a decir con orgullo que queremos ejercer nuestra libertad para ir a los toros sin que nos acorralen en las puertas de las plazas; para decir que nos gustan los toros sin que nos llamen asesinos. Porque hoy son los cosos taurinos, pero mañana será cualquier otra manifestación artística que no les caiga en gracia. El pensamiento único es así.

El toreo no es de izquierdas ni de derechas. No es político. Es de poetas, pintores y genios. De Lorca y de Picasso, dos artistas poco sospechosos de fascistas ni asesinos. Es del pueblo.

Salgamos del armario y llenemos las plazas. Tomemos las calles. Son tan nuestras como de los prohibicionistas. Y nosotros somos más. Y podemos gritar más fuerte.

Diría que es la hora de indignarse, pero no quiero usar palabras manipuladas de antemano. No hay mayor verdad que la de un hombre ante un toro bravo. En nuestra mano está que no nos la quiten.

Atentamente,

Sebastián Castella