Olga Casado, Ignacio Garibay y Juan Pablo Ibarra en una emocionante novillada.
Una tarde redonda en la emblemática plaza Jorge Aguilar ‘El Ranchero’ de Tlaxcala, donde la cantera taurina demostró un altísimo nivel y dejó sensaciones inmejorables para el futuro de la fiesta. La novillada de feria se convirtió en una auténtica cumbre de entusiasmo, técnica y entrega.
TLAXCALA, México. — La emblemática Plaza de Toros Jorge Aguilar ‘El Ranchero’ vivió una jornada de profunda significación y calado taurino. Lo que sobre el papel se presentaba como una apuesta atractiva por la juventud y la diversidad de
conceptos, se transformó sobre el albero en una tarde redonda de triunfo, entrega y aire fresco para la tauromaquia. Ante unos tendidos que registraron un casi lleno, la nómina de novilleros ofreció un espectáculo de gran variedad donde la ambición y la torería terminaron por abrir de par en par la puerta grande.El festejo arrancó con el arte del rejoneo a cargo de André, quien lidió un ejemplar del hierro de Zacatepec. El caballista dejó pasajes de mérito y lucimiento en la colocación de los rehiletes, manejando con solvencia los terrenos y templando la embestida de su rival, firmando una actuación de
buena nota que fue saludada con una cálida ovación por parte del respetable.En la lidia a pie, la novillada cobró un ritmo vertiginoso gracias al juego de los utreros de Caparica, divisa que ofreció matices e interesantísimas opciones para los espadas.La española Olga Casado, en lo que significó su muy esperado debut de luces en arenas mexicanas, ratificó el porqué se le considera una de las grandes sensaciones de la cantera ibérica. Casado lució con una firmeza aplastante,
planteando faenas de trazo limpio, estructura y valor sereno. Dominó los tiempos y cortó una oreja de cada uno de sus novillos, amarrando un triunfo incontestable en su presentación en suelo azteca.Por su parte, el queretano Ignacio Garibay dejó ver el pozo y la madurez adquiridos tras su paso por cosos europeos. Con un concepto elegante, variado y de mano baja, Garibay cuajó dos faenas marcadas por la solvencia técnica y el temple.
Su labor fue premiada de igual forma con un apéndice en cada uno de sus turnos, rubricando una actuación homogénea y de notable proyección.El gran triunfador en el plano numérico fue el novillero local Juan Pablo Ibarra, quien enardeció a sus paisanos desde que pisó el ruedo. Ibarra desató el entusiasmo en su primer enemigo mediante un trasteo arrebatado, rotundo y de enorme transmisión que culminó con el corte de
las dos orejas tras una estocada certera. En su segundo volvió a entregarse al máximo; pese a escuchar un aviso que enfrió los tendidos, su labor fue reconocida con una calurosa ovación que puso colofón a una jornada memorable.Al término de la función, Olga Casado, Ignacio Garibay y Juan Pablo Ibarra abandonaron el recinto en hombros entre el júbilo de una afición que presenció algo más que un simple festejo: la constatación de que el futuro de la fiesta brava tiene argumentos sólidos para mirar hacia adelante.
Ficha del Festejo
Lugar: Plaza de Toros Jorge Aguilar ‘El Ranchero’ (Tlaxcala, México).
Entrada: Casi lleno.
Ganaderías: 1 ejemplar de Zacatepec para rejones (deslucido pero manejable) y 6 novillos de Caparica para la lidia a pie, bien presentados y de buen juego en general.
André (Rejoneador): Ovación.
Olga Casado (España): Oreja y oreja.
Ignacio Garibay (México): Oreja y oreja.
Juan Pablo Ibarra (México): Dos orejas y ovación tras aviso.Incidencias:
Los tres novilleros a pie salieron a hombros al finalizar el festejo.
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