Historia Taurina Peru y el Mundo





1946 Toros de La Viña Juanito Belmonte Campoy, Manolete y Carlos Arruza



MANUEL Solari Swayne tenía un sueño, y el tiempo de éste era octubre, 1946. Un año antes ya había logrado, a través de intensa campaña en la página "Toros y Toreros" de El Comercio, que se ampliara el viejo coso de Acho hasta dimensiones que le permitieran temporadas mayores, esto según criterios arquitectónicos que no traicionaran la estética histórica de la plaza rimense y su viejo maderamen templado a pulso por Belmonte. Fernando Graña Elizalde acogió el proyecto de Alejandro Graña Garland y se amplió Acho con hermosa coherencia. Otras opiniones creyeron necesaria una nueva plaza, la imposible Monumental de Chacra Ríos, hoy casi ex coliseo Amauta y hogar de todos los vientos posibles. En Acho, el nuevo aforo prometía más de diez mil almas en espera de feria.
Dos criterios principales manejaba Solari para la creación de la feria. Dos criterios y una revelación
místico taurina. En primer lugar, el criterio de la tradición. Octubre, mes morado, religioso y costumbrista, permitía conjunción de atmósferas propicias al rito taurino, aparte de calorcillo moderado y meteorología primaveral idónea para la lidia y muerte de toros bravos. Solari, "de profesión limeño" como decían quienes le conocieron, imaginaba guirnaldas en los balcones, actuaciones folclóricas en el Campo de Marte, iluminación de las iglesias de Santa Liberata y el Patrocinio, banderolas en la plaza, y un Paseo de Aguas de gala en una ciudad entonces coqueta y orgullosa, y que hoy atraviesa expectante mutación.
El segundo criterio era lo que él mismo llamaba "el tirón del verano". Hasta entonces, verano de 1946 incluido, las temporadas taurinas en Lima se daban durante la canícula. Solari había advertido que muchas veces la refrescante oferta playera de Lima ganaba a la afición, quien lo pensaba dos veces antes de someterse a largas jornadas de transpiración rimense en nombre del arte taurino. Calor que, obviamente, también afectaba a toro y torero.
Y la revelación se llamó Manolete.
En la temporada de marzo del '46, a pesar del pobre desempeño del ganado de La Viña y de La Punta, la sola presencia hierática y grave de Manolete caló en la afición de Acho con tal hondura y melancolía que Solari Swayne, ya firmando Z.M., que como bien se sabe era Zeñó Manué, registró y engalanó por escrito, distinguiendo al cordobés por encima de sus más que ilustres alternantes, Domingo Ortega y Juan Belmonte:
Una tarde, con una luz de oro y de violeta. Manolete me recordó al campanario de la Mezquita de Córdoba. Ahora al revivir su imagen y su acento -tiene algo de aquellos santones góticos españoles policromados en madera-, y en su discurrir por la arena, que lo hace a manera de hidalgo que sienta cátedra, un sonido alto y hondo como el de ciertas campanas, se me repite la hermosa similitud. Y no creáis que es pura metáfora. Tengo para mí que si un hombre y un monumento responden a instantes similares, pueden tener semejante la expresión. Al redactar estas líneas tiemblan en el viento tres pensamientos de Federico García Lorca -engastados en dos distintos romances- que son como una bella profecía de la existencia del extraordinario lidiador. Dicen "Córdoba lejana y sola". "Córdoba de arquitectura", "Celeste Córdoba enjuta". Y el genial poeta con tres transparentes pinceladas, pintó como nadie el secreto y el alma de la ciudad de las ermitas. Lejana y sola, arquitectónica, celeste y enjuta. Así es Córdoba. Y así es Manolete. Lejano, solo y arquitectónico en su arte. Pálido y enjuto en su figura.
Manolete es un revolucionario y no sólo por su aportación negativa del torero perfilero, sino, lo que es más importante, por lo que revuelve, retorna, camina, hacia la raíz, sin borrar la Historia, sin arrojar de sus manos las flores, cuyas semillas sembraron quienes le precedieron, sin prescindir de la serena claridad de Ortega, ni de la cercanía conquistada por Belmonte. Manolete ama sobre todo la verdad -la verdad de lidiar parando, mandando y templando- pero la prefiere próxima al peligro y expresada elegantemente. Carece de la suavidad del castellano, ese como ritmo sinfónico que envuelve y del que despierta la insigne muleta del borojeño y de la abierta y desgarrada tragedia de Belmonte... así pienso yo que este es extrovertido y el Califa se sorbe el drama para sí mismo como si ese fuera -y más tarde fue- su destino. Pero me atrevo a afirmarlo pese a que no le ha salido un toro que le permitiera torear a gusto y lucirse plenamente, cita más cerca que el Trianero y se queda más quieto que el brillante de Bórox.
La empresa en ese entonces regida por el ganadero y aficionado Fernando Graña decidió instaurar la Feria del Señor de los Milagros, llamada Feria de Octubre a secas en el primer cartel.
Fuente: CARETAS:PE





-------------------------------------------------------------------------------------------------------
LA PRIMERA CORRIDA DE TOROS  QUE SE LIDIÓ EN LIMA



Francisco Pizarro. En las cortes fue recibido por el rey como... Bienvenido impávido torero.

LA PRIMERA CORRIDA DE TOROS QUE SE LIDIÓ EN LIMA

Este 18 de enero, Lima cumple 485 años de fundación española, donde los peninsulares dentro de sus costumbres y juegos de regocijo nos traen este espectáculo más bonito y de honda tradición como es la Corrida de toros. Para esto traigo hacia ustedes algunos tópicos de distintos tradicionalistas peruanos para darles a conocer la primera Corrida de toros que presenciaron los limeños.
Fue el día lunes 29 de marzo de 1540, segundo día de pascua de resurrección, día en que se celebraba
también la consagración de óleos, que estuvo a cargo del obispo Fray Vicente Valverde. La corrida Se efectuó en la plaza mayor de Lima, la cual presentaba todos sus contornos completamente ocupados por un gran gentío, que por primera vez presenciaban un espectáculo de esta naturaleza. La corrida empezó a la una de la tarde, y en ella salieron tres toretes de la ganaderia de Maranga. En esta primera jugada de toros que se realizaba en el Perú, participó el fundador de Lima, El Marqués don Francisco Pizarro, el cual a caballo mató el segundo toro a rejonazos, en medio de la más grande espectación de los concurrentes. Francisco Pizarro fue un diestrísimo picador y rejoneador a caballo, en consecuencia es pues el fundador de Lima el primero que lidio toros en el Perú.
La escasez de ganado hacía imposible el que se efectuasen jugadas de toros con mayor frecuencia. La plaza mayor de Lima en años anteriores fue el lugar más aparente para estas fiestas, porque además se realizaban también jugadas en las plazas de Santa Ana, Santo Domingo; al rededor de la plaza se construían tablados y galerías. El pueblo ocupaba andamios en el atrio de la catedral y portales, el toril estaba ubicado en la esquina de judíos. El Virrey ocupaba su asiento bajo dosel, en la galería de palacio. En el templador se castigaban a los toreros que desobedecían al juez o faltaban el respeto al público.
En el año 1701 se imprimió por primera vez cuartillas de papel con los nombres de los toros de las ganaderías o haciendas, así, por ejemplo, se leían los siguientes nombres de los toros:
"El Invisible" retinto de Bujama
"Florido" capirote de Palpa.
"el deseado" alazán tostado
"Ají seco" de Lima tambo etc. etc
El cabildo de Lima ofrecía un valioso premio para la ganaderia que presentara los mejores toros de lidia, y el pueblo se encargaba de dar su fallo cada tarde, motivo por el cual existía gran rivalidad entre los ganaderos para que sus toros presentaran gran bravura y poder, y dieran mejor pelea.
Las mejores corridas que se dieron en la plaza mayor de Lima, fueron con motivo del advenimiento de Carlos IV al trono español y la entrada al mando de los virreyes O'higgin, Aviléz, Abascal, y Pezuela. Durante varios años se daban corridas de
Morales en la Plaza Acho 
toros en la plaza mayor de Lima como en la plaza de Acho, debido a que muchas veces se efectuaban festejos en las dos plazas a la vez, y ambas con excelentes entradas. De estos datos consignados por nuestro gran tradicionalista don Ricardo Palma, se desprende que las fiestas de toros en el Perú, se inician a los cinco años de establecido Pizarro en Lima, pues esta fue fundada por él un 18 de enero de 1535, porque según lo anotado anteriormente, Pizarro organizó la primera corrida el día lunes 29 de marzo de 1540, o sea que a la fecha, Lima hace 4B0 años que presencia corridas de toros casi sin interrupción, prueba por demás concluyente que esta fiesta que es la más bella y emotiva de todas, y está profundamente arraigada en el sentimiento mismo de los peruanos.



Recuerdo de un Octubre en la Lima de Antaño from Claudia Ruiz on Vimeo.

----------------------------------------------------------------------------------------------------



Angel Custodio Valdez "El Maestro" UNA DE LAS CELEBRIDADES PERUANA

Articulo enviado por el Alcalde de Ingenio Marcelo Caipo
Angel Custodio Valdez y Franco fue un Matador de Toros de raza negra y de impresionante físico
cuyo nombre, figura y fama llenaron 50 años de la Historia Taurina del Perú, y es por ello que bien puede considerársele el más importante diestro peruano hasta la fecha. Nació el 2 de Octubre de 1838 en el pueblo de Ingenio, en el distrito de Nazca, en el departamento de Ica. Se trasladó a Lima a los diez años luciendo ya un físico muy desarrollado para su corta edad. Trabajó en el fundo La Granja cuidando ganado lo que estimuló su afición por las corridas de toros. Animado a encaminar su vida en la profesión de torero fue, en sus inicios, José María Vázquez quien le aportó los conocimientos elementales. Se estrenó en la Plaza de Toros de Acho el 7 de Agosto de 1859 alternando con Antonio Marín y José Ortega. Al añ o siguiente contrajo nupcias en la localidad de Palpa con Nicolasa Izasigar. El 2 de diciembre de 1860 acometió la proeza de encerrarse en solitario en la Plaza de Toros de Acho -nadie lo había hecho antes- dando cuenta de doce astados con tal éxito que salió catapultado como ídolo máximo de la afición limeña. Desde entonces su reinado se fue consolidando sobre la base de su habilidad en el segundo tercio y en la ejecución de suertes como las de el salto al trascuerno y a la garrocha, pero sobre todo por su extraordinaria efectividad en la ejecución de la suerte suprema, donde ponía de manifiesto su fuerza, valor y decisión. Su fama trascendió nuestras fronteras. Como consecuencia de ello a fines del año 1872 fue contratado para actuar en 16 corridas de toros en la ciudad de Montevideo donde triunfó rotundamente ratificando su fama. En 1883, a punto de cumplir los 45 a&n tilde;os de edad y con 24 de Matador de Toros viajó a España presentándose en Madrid el domingo 2 de setiembre de ese año. Su actuación no fue buena. Posteriormente, actuó sin mayor resonancia en Cádiz y en Lisboa para luego retornar a Lima. Su hazaña más memorable, el 24 de mayo de 1885, fue aquella de matar en la vieja Plaza de Toros de Acho, con singular coraje y audacia, al célebre toro "Arabí Pachá", y en la misma corrida a un hijo de este de nombre "Mucho Ojo", en tarde en la que alternó con Mariano Soria "Chancayano" y Antonio Pastrana. El 10 de Febrero de 1889 es herido gravemente por el toro "Turbulento". Idolo de 3 generaciones se retiró, a los 71 años de edad, el 19 de Setiembre de 1909. Falleció el 24 de Diciembre de 1911, a las nueve y media de la noche, en su casa limeña de la calle Desagüadero. U n bronce ubicado en el exterior de la entrada de los tendidos de Sol en la Plaza de Toros de Acho, escenario de sus principales gestas, recuerdan pálidamente lo que fue su brillante trayectoria profesional.

El legendario Ángel Valdez y el toro Arabí Pachá.
Por Gregorio Martinez : BUSTROFEDON

El Arte de la lidia : periódico taurino - Año I Número 36 - 1883 septiembre 10 (10/09/1883)


los mejores toreros que han existido en el Perú, en todos los tiempos, Ángel Custodio Valdez Franco es el más reputado. Hijo de esclavos, nació en el villorio de El Ingenio, al noreste de las Líneas de Nasca, el 2 de octubre de 1838. En su momento, cada rincón del país lo ungía como El maestro Ángel Valdez. Así lo testimonia Jorge Basadre en Historia de la República. Si hubiera que mencionar a otro torero de similar relieve legendario, este sería el Indio Ceballos, quien toreó en España en el siglo XVIII y causó tanta admiración que Francisco Goya le hizo un aguafuerte.
Libros y documentos muestran que Ángel Valdez nació en Palpa. Así aparece en Los toros, monumental enciclopedia en seis tomos, obra del español José María Cossío. Lo reitera el Diccionario biográfico taurino de José Sánchez Neira. Igual lo indica una lápida en la tumba de Ángel Valdez, en el cementerio limeño Matías Maestro. Pero todos sus coterráneos sabían --con pena para los palpeños Luis Peirano y Carlos Iván Degregori-- que Ángel Valdez había nacido en El Ingenio. Por suerte, esta certidumbre ha sido recogida en la "Enciclopedia taurina del Perú", aún inédita, obra capital de Carlos Tapia Acosta, quien durante años fue médico de la Plaza de Acho.
En 1849, a los 11 años, Ángel Valdez llegó por primera vez a Lima. Se cree que se había cimarroneado y abandonó El Ingenio tras los pasos del arriero Agapito Bernales. Por ser un niño fuerte, comenzó a trabajar como adobero en la hacienda Estaquería, cerca a Higuereta. Un día, ya adolescente, fue a la Plaza de Acho y vio torear al celebrado diestro español Manuel Díaz, más conocido como Laví. Eran los años de la pugna política entre Ramón Castilla y Rufino Echenique.
Aquella vivencia en la Plaza de Acho conmovió al joven Ángel Valdez. El toreo de entonces era temerario y sin cánones. Pronto Ángel Valdez se convirtió en discípulo predilecto del matador mexicano José María Vásquez, que se había establecido en Lima. Al poco tiempo el joven adobero ya estaba a punto para torear.
A los 19 años, en 1857, Ángel Valdez salió por primera vez a la arena de Acho. Aún como novillero. Torear en la Plaza de Acho constituía un sueño. Dos años después, en pleno segundo gobierno de Ramón Castilla, cuando ya se había abolido la esclavitud, Ángel Valdez tomó la alternativa de torero. Pasó la prueba con aclamaciones. El maestro José María Vásquez le entregó la espada. Fue un domingo 7 de agosto de 1859.
En aquellos tiempos la fiesta brava se extendía desde la mañana hasta el anochecer. Se lidiaban 20 toros. Ni se vislumbraba la tarde clásica de 6 corridas. Todo empezaba con el "desbarajuste de fiesta". Trifulca en la cual la muchedumbre quemaba sus rencores, bajo la mirada vigilante de alguaciles y gendarmes. Conforme a una tradición colonial, en determinado momento las fuerzas del orden embestían a palo limpio y quebraban el desbarajuste. Al final, la muchedumbre apaleada ocupaba el lugar asignado, en el lado opuesto a la tribuna de los regios.
Al año de tomar la alternativa, Ángel Valdez ya no tenía contendores entre los toreros peruanos. Pero el ambiente se animó cuando llegó el diestro español Chicorro, un matador de oficio y mucho coraje. Ahí fue que Ángel Valdez empezó a bordear los extremos de la temeridad. Tanto que sus faenas despertaban expectativas en Colombia, México y aun España. El rumor daba pábulo a la leyenda que Ángel Valdez tenía pacto con satanás.
De repente, en 1866, reventó la Guerra con España. Inmediatamente los toreros españoles se fueron a otras plazas. A Colombia, Venezuela, México. El vacío produjo la aparición de diestros nativos. En 1867 comenzó a mencionarse el nombre de Mariano Soria, el Chancayano. Rápido el nuevo torero ganó simpatía en todo el Perú. Desde entonces, Ángel Valdez y el Chancayano serán los eternos rivales.
Aquella época del esplendor de Ángel Valdez ha dejado también el nombre de un toro famoso, tan temido que la muchedumbre temblaba al escuchar su nombre: Arabí Pachá. Un toro salido de los chiqueros del infierno. Desmesurado en todo. En envergadura y en fiereza. Pertenecía a la dehesa de los Asín, propietarios de la hacienda Rinconada de Mala.
No cabe duda, Arabí Pachá constituye un capítulo aparte de la tauromaquia peruana. Animal matrero, conocedor de todos los gajes de la faena, pues debido a su bravura le habían perdonado la vida dos veces. El día que se anunció que Arabí Pachá sería toreado y muerto por Ángel Valdez, sin opción de perdón, en el Perú se desencadenó el delirio.
Cuando llegó el momento, la Plaza de Acho reventaba de gente. Fiero e imponente apareció Arabí Pachá. Se detuvo al borde de la arena y comenzó a bufar, a escarbar el suelo y se aventaba tierra sobre el lomo. Entonces, el picador Benigno Asín, el Curcuncho, que conocía bien a Arabí Pachá, pues era de su familia, espoleó al caballo y con la lanza en ristre atacó al toro para bajarle la embestida. Ángel Valdez, todavía en el burladero, asentía calmoso y confiado.
Pese a su reconocida habilidad, el Curcuncho no pudo clavar la lanza en el morrillo de Arabí Pachá. El toro hizo un quite de adivino en una fracción de segundo y pasó a la ofensiva. Advirtió que el picador estaba mal ubicado y lo arrinconó con caballo y todo contra las tablas. Acudió el banderillero Pionono para distraer al toro y sacar al picador del aprieto. Algo vio el banderillero en la catadura de Arabí Pachá que de golpe se le desmoronó el coraje. Sin la menor vergüenza trepó por las tablas hacia el tendido. Al verlo en tal apuro, Arabí Pachá se paró en dos patas y asomó por encima del cerco. Un alarido de pánico remeció la plaza. El toro dio un vuelco brioso y volvió a la arena.
Mariano Soria, el Chancayano, que también estaba actuando de banderillero, hizo de tripas corazón y en sesgo, a volapié, colocó una banderilla en el endemoniado Arabí Pachá. Solo un hierro. Ángel Valdez, sudando, clavado en la arena, por primera vez embargado por un aire de desamparo, adelantó un pie y luego avanzó sigiloso, con la espada lista bajo la muleta. No iba a torearlo. Quería acomodarlo para entrar a matar. Directo a la última suerte. Ángel Valdez no citó al toro. Tampoco fue al encuentro. Más bien recurrió a una treta de gañán. Se le aproximó por un costado y, cuando lo tuvo a distancia para estoquear, lo llamó por su nombre: ¡Arabí Pachá! El toro volteó, traicionado por su propia sabiduría. Ángel Valdez le hundió la espada de un solo envío hasta el corazón*.
Después de aquella hazaña, Ángel Valdez se fue a probar suerte en España. Allí, en la tierra que inventó el toreo, lo obligaron a revalidar el título de torero. Tuvo que tomar de nuevo la alternativa. Lo hizo en la Plaza de Madrid, el 2 de septiembre de 1883. Tenía 45 años y enfrentó al toro Cucharero. En la tribuna de honor estaban el rey Alfonso XII y la reina María Cristina, la misma de la copla guarachera.
En 1909, a los 71 años, con el pelo completamente blanco, pero macizo como un guarango, Ángel Valdez lidió su último toro, el Rompetablas, en la histórica Plaza de Acho. Fue un domingo 19 de septiembre. El gobierno del Perú recién había pasado a las manos de Augusto B. Leguía y los anarquistas alistaban los fuegos del movimiento obrero. Dos años más tarde, el 24 de diciembre de 1911, moría Ángel Valdez convertido en leyenda.


MUNICIPALIDAD DISTRITAL DE EL INGENIO - NASCA
1917 -2,009 92 AÑOS DE CREACION POLITICA
“EL INGENIO VALLE MISTERIOSO Y LEGENDARIO”

NOTA DE PRENSA

PRESENTAN LIBRO: ANGEL VALDEZ “EL MEJOR TORERO DE TODOS LOS TIEMPOS” EN SU XCII ANIVERSARIO DE CRECION POLITICA DEL DISTRITO DE EL INGENIO - NASCA

LA MUNICIPALIDAD DISTRITAL DE EL INGENIO EN SU XCII ANIVERSARIO DE CREACION POLITICA PRESIDIDA POR SU ALCALDE DR. VICTOR MARCELO CAIPO FLORES, REGIDORES Y PERSONAL ADMINISTRATIVO, Y EL CÍRCULO DE PERIODISTAS TAURINOS DEL PERÚ PRESIDIDO POR SU PRESIDENTE PROF. CARLOS CASTILLO ALEJOS PARTICIPAN PARA EL DIA 19 DE NOVIEMBRE A LAS 12.00 DEL DIA SE PRESENTARA EL LIBRO: ANGEL VALDEZ “EL MEJOR TORERO DE TODOS LOS TIEMPOS” DE LOS AUTORES SONIA PARVINA PEÑA Y MANUEL GUTIERREZ BUSTILLOS.

SE TENDRA LA PRESENCIA DEL DESCENDIENTE DON ANGEL VALDEZ RAMOS, NIETO DEL “MAESTRO” DON ANGEL CUSTODIO VALDEZ FRANCO, DEL PRESIDENTE DEL CÍRCULO DE PERIODISTAS TAURINOS DEL PERÚ PROF. CARLOS CASTILLO ALEJOS, MIGUEL ZAPATA DEL CIRCULO DE REPORTEROS GRAFICOS TAURINOS DEL PERU

ESTE AÑO SE CUMPLE 171 AÑOS DE SU NACIMIENTO, 100 AÑOS DE SU RETIRO DE LAS PLAZAS TAURINAS Y 98 AÑOS DE LA MUERTE DE ANGEL VALDEZ “EL MAESTRO”,

AGRADECEMOS SU DIFUSION


No hay comentarios:

Publicar un comentario